El Celta brilla con los actores de reparto

El equipo vigués deja sentenciado en Almería el pase a octavos con un gran papel de los suplentes y goles de Aspas y Guidetti

03.12.2015 | 08:32
El Celta avanza con firmeza en la Copa. // LOF

Imponente en la Liga, el Celta avanza también con firmeza en la Copa de Rey, donde el conjunto celeste obtuvo anoche un incontestable triunfo que le deja franco el pase a los octavos de final. No necesitó el conjunto vigués recurrir a sus mejores elementos para doblegar al animoso Almería, un equipo en problemas que fracasó en su empeño de presentar batalla en un partido en el que Berizzo recurrió a sus actores secundarios y el Celta resolvió gracias al talento de Pablo Hernández y el instinto predatorio de Iago Aspas, que anotó los dos primeros goles y dejó el choque prácticamente visto para sentencia antes del descanso. La formidable actuación del moañés no desluce, sin embargo, el eficiente trabajo de los actores de reparto, que demostraron al técnico que pueden ser de gran utilidad para afrontar un segmento de la temporada preñado de partidos.

Como anunció la víspera, Berizzo encaró este primer asalto copero con una amalgama de titulares y suplentes en la que el técnico dio la oportunidad de reivindicarse a futbolistas que apenas habían tenido protagonismo hasta la fecha, esencialmente Madinda, Señé y Dejan Drazic, pero también al portero Rubén Blanco, que volvió a situarse bajo el travesaño tras lesionarse en la jornada inaugural de la Liga. Con un ojo puesto en el duelo liguero del sábado ante el Betis, el entrenador del Celta repartió minutos con un once inédito que le sirvió a la vez para dosificar esfuerzos y experimentar nuevas alternativas defensivas. Berizzo resolvió las bajas de Sergi y Fontás situando a Cabral y Jonny en el eje de la línea, dio descanso a Mallo y puso a Wass y a Planas en los costados. En medio campo entraron Borja Fernández, que relevó a Augusto en la posición de ancla, Madinda y Pablo Hernández, mientras que Aspas (Guidetti volvió al banco) lideró el frente de ataque con Drazic y Señé intecambiándose en los costados.

Con este desacostumbrado aliño, no tardó el cuadro celeste en hacerse en dueño y señor del partido frente a un adversario más pendiente de resolver su precaria situación en la Liga que de avanzar en la Copa y que también puso sobre el terreno un equipo de circunstancias. Y la diferencia de categoría resultó demasiado evidente. El Celta acaparó la pelota, la hizo fluir con velocidad y encontró una mina de oro en la sociedad entre Pablo Hernández y Iago Aspas, que enseguida sacó a pasear su instinto asesino.

El moañés cortejó muy pronto el gol tras un excelente servicio de Señé (una de las noticias más interesantes del encuentro), desde la izquierda (min.3), y al cuarto de hora quebró la defensa almeriense con una genialidad marca de la casa: recibió en largo del Tucu, controló la pelota en carrera y descerrajó un imponente zurdazo desde el pico izquierdo del área que se coló como un misil por la escuadra rojiblanca.

El tanto de Aspas, un martillo pilón, prolongó el monólogo celeste ante un adversario cohibido, que se dedicó a perseguir sombras hasta el segundo gol. Madinda y Señé dieron amplitud al medio campo y Wass progresó con eficacia por su banda, pero fue Pablo Hernández el encargado de organizar el juego céltico con una actuación impecable, ahora para robar, ahora para construir la jugada.

Después de varias tentativas a balón parado con protagonismo de Madinda, que rozó el gol en un libre directo, el Celta asestó una segunda cuchillada al Almería en otra perfecta combinación entre el Tucu y Aspas. El chileno robó con un raudo movimiento en campo contrario, avanzó con determinación hasta el balcón del área y se la sirvió en bandeja al morracense, que venció por alto la salida del portero.

Tan fácil se presentaba la cosa que el Celta se tomó un respiro, aflojó en intensidad y permitió al rival rehacerse con uno de esos incomprensibles regalos a los que últimamente nos tiene el conjunto de Berizzo tan mal acostumbrados. El muñidor del engendro fue esta vez Cabral, que sirvió hacia el portero y entregó el balón a Pozo, que no tuvo más que rebasar a Rubén en la salida para anotar. Tan inesperado obsequio a solo cuatro minutos del descanso estimuló al Almería, que estuvo a punto de igualar el marcador en una acción muy peligrosa que Rubén desbarató con una buena parada.

El Almería trató de echar el resto tras el intervalo. Carrillo movió el banquillo y el cuadro andaluz trató de hacerse con el gobierno del partido pero su dominio fue atropellado, sin filo, y el Celta no pasó apuros para controlar los daños. Los celestes achicaron el campo y administraron cómodamente su renta hasta encontrar una jugada ganadora con la que dejar definitivamente sentenciada la eliminatoria. Llegó con la aportación de dos de los hombres del banquillo, Mallo y Guidetti, y del serbio Drazic, que se resarció de una tarde apagada con un detalle sublime. El marinense sirvió un balón en vertical que el joven balcánico controló de tacón entrando en el área antes de armar la pierna y obligar a lucirse a Julián Cuesta. El rechace lo recogió oportunamente Guidetti, que ya no dio opción al portero.

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