balonmano - División de Honor Plata

Cumpleaños interrumpido

La rebaja en la subvención municipal lleva al Octavio a suspender los actos de su 50º aniversario

25.11.2015 | 02:20
Los jugadores llevan a hombros a Octavio Rodríguez el día en que se logró el primer ascenso a la máxima categoría; los miembros del equipo actual iban a llevar camisetas con ese diseño.

Era 2016 un año concebido en el Academia Octavio como de fiesta. El club pensaba celebrar su quincuagésimo aniversario con diversos actos y torneos, en uno de los cuales iba a participar la selección española o el Fútbol Club Barcelona. El presidente rojillo, Javier Rodríguez, pone todo en suspenso. También el cubano Hechavarría espera la llamada que lo convoque a Vigo. La rebaja de 40.000 euros en la subvención del Concello deja sin recursos ni ánimos a Rodríguez, que no puede garantizar que el club resista hasta septiembre, mes en el que cumplirá esos 50 años de existencia.

"Lo único que vamos a hacer al final es la misa por todos los muertos", mastica con amargura el presidente del Academia Octavio, Javier Rodríguez. El club rojillo cumple cincuenta años de existencia en septiembre de 2016. Rodríguez y sus colaboradores habían preparado un completo programa de actos conmemorativos, que pensaban iniciar en enero. La rebaja en la subvención del Concello de Vigo deja todo en suspenso. Es un momento crítico en la historia académica. Su primer equipo se tambalea. Perder la plaza de Honor B abocaría a la entidad a su disolución. El fichaje del cubano Hechavarría, ya acordado en sus términos y bien encauzado a nivel burocrático, se antoja esencial. Una vez más, la escasez financiera lo frena.

Octavio Rodríguez, padre del actual mandatario, creó su academia de estudios a mediados de los años cincuenta. Una década después, tras una primera experiencia deportiva en el fútbol playa, decidió apostar por el balonmano como actividad complementaria. En 1966 alumbraría un equipo femenino, de escasa duración. Pronto llegaría el masculino, convertido desde entonces en una referencia en la sociedad olívica.

El Academia Octavio ha sobrevivido a mil embates desde su fundación. Una historia de resistencia, cuyas glorias y esfuerzos quería Javier Rodríguez honrar de la manera adecuada. El presidente y sus colaboradores tienen sobre la mesa varios diseños para escoger el logo representativo del cincuenta aniversario. El equipo sénior iba a disputar un torneo cuadrangular, seguramente en verano, con algunos participantes por definir. Pero uno de ellos iba a ser la selección española o el Barcelona. Tanto el presidente de la Española, Francisco Blázquez, como el entrenador azulgrana, Pasqui, habían manifestado su disponibilidad.

Había otros torneos en cartera: uno de veteranos, con leyendas del Octavio contra otras escuadras para el recuerdo como el Calpisa o el Teka Santander, con los contactos bien avanzados; y uno de categorías base, al estilo de la Granollers Cup, en el que participarían equipos holandeses, italianos, franceses y portugueses, además de gallegos.

En la agenda se contemplaban otro tipo de actos como una exposición fotográfica y de camisetas. Javier Rodríguez quería además que los jugadores actuales compitiesen a partir de enero con una camiseta retro, diseñada imitando aquella que portaban los que lograron el primer ascenso a la máxima categoría en la temporada 1974/1975, roja, de algodón y manga larga.

Todo se derrumba. Javier Rodríguez conocía hace unas semanas que el Academia Octavio es uno de los clubes a los que el Concello más rebaja la subvención de élite. Es, de hecho, el que mayor recorte sufre en términos absolutos: de 154.500 euros a 114.500 euros. Celta Bosco, Club Voleibol Vigo, Coruxo, Vigo Rugby Club y los clubes célticos de atletismo también experimentan recortes.

Esa reducción de 40.000 euros en los ingresos previstos, inesperada y conocida con la campaña ya empezada, altera la planificación del Academia Octavio. Rodríguez suspende todos los actos del cincuenta aniversario "salvo la misa" y quizás una cena, "que cada uno se pagará, como sucedió cuando celebramos el 25º aniversario". El dirigente no prevé contactos con el Concello para buscar alguna solución. "No tengo fuerzas", proclama.

La situación también afecta a nivel deportivo. El Octavio sufre en Honor Plata. Ocupa puestos de descenso. Su adolescente plantilla no carbura como en el anterior ejercicio. Se paga la lesión de Corcera y especialmente la de Silva, el principal artillero. El regreso de Cerillo de su breve retirada no ha sido suficiente para enmendar el camino. El Octavio necesita refuerzos. Y tiene el nombre adecuado: el cubano Hechavarría, un lateral zurdo de calidad, que renunció a varias ofertas de Asobal por cuestiones personales al fin solventadas y que se ha puesto a tiro. Javier Rodríguez ya le ha enviado el contrato de trabajo. El permiso de las autoridades cubanas está asegurado. Hechavarría aguarda los billetes de avión para mudarse a Vigo. Y seguirá aguardando si no parece algún patrocinador o soporte económico suplementario.

Terrible dilema. El Octavio, embarcado desde 2014 en un proyecto que limpia sus deudas pasadas y se vuelca con la cantera, no tiene dinero. Pero necesita fichar para pelear con garantías contra un descenso que supondría su desaparición. No es la primera vez que encara ese riesgo. A comienzos de los noventa Javier Rodríguez abandonó de noche una reunión de la directiva dispuesto a soliciar a la mañana siguiente la disolución del club que su padre modeló, como se había acordado. Jamás se presentó en el registro. Ese drama vuelve a acecharlo en un año que él imaginaba de fiesta.

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