libre directo

Como lágrimas en la lluvia

22.11.2015 | 20:24

Doce de la noche (eternamente agradecidos Tebas). Imagino a un celtista cualquiera reflexionando bajo la lluvia sobre lo que acaba de ver. Como Rutger Hauer en Blade Runner y con la músiquita de Vangelis sonando de fondo: "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais; a Nolito tirar un penalti como si fuese un juvenil tembloroso, a Orellana enredarse con la pelota como si fuese un jugador prestado por un equipo de rugby; he visto a Danial Wass lanzar melones sin ningún sentido hacia delanteros que solo existían en su imaginación; a Augusto moverse por el campo como si se hubiese olvidado el GPS; a Fontás envecejer de golpe, a Iago Aspas comportarse como una ursulina asustada, y a Sergio Álvarez olvidarse de los secretos de su oficio. He visto equipos de fútbol playa tener más control que el Celta en Riazor". Y luego, el fundido a negro.

Es fácil fantasear con el desconcierto que puede sentir cualquiera que esta temporada haya seguido con un mínimo de interés al Celta. Imposible reconocerle (y no solo por el color de la camiseta) en Riazor. Lo de ayer fue un simulacro, una burda caricatura del equipo que independientemente del resultado jamás traicionaba su filosofía, no renunciaba a su carácter y se tiraba al cuello de sus rivales como si le hubiesen tirado los trastos a su pareja. Pero de repente pitó Alvarez Izquierdo el comienzo del partido y pareció que toda la plantilla se había ido a Chile con Orellana para pasarse la semana escuchando charlas de Juanma Lillo, asesor de Sampaoli en cuestiones técnicas. Eso le revienta la cabeza a cualquiera. El "poeta" tenía la justificación del "jet-lag" (apenas pudo entrenar un día con sus compañeros esta semana) pero el resto no. El Celta se traicionó a sí mismo y dejó que el partido se jugase con las reglas que el Deportivo había establecido. Se empieza aceptando pulpo como animal de compañía y terminas jugando a lo mismo que el Levante de Alcaraz. Estaba claro que cuanto menos se jugase al fútbol peor le iría a los de Berizzo. Victor lo tenía claro y por eso planteó así el choque. Perdida la batalla del fútbol y de los banquillos -otra vez al argentino le faltó un poco de cintura-, al Celta tampoco le quedó la espiritual. Noticia aún más dolorosa porque ni esa coartada les queda para defenderse de las miradas decepcionadas que tendrán que soportar en el desayuno de hoy mientras se preparan las tostadas y evitan entrar en Twitter, esa verdulería en la que la memoria dura únicamente hasta la siguiente actualización.

El Celta firmó el partido más desastroso de la temporada en el peor escenario posible, donde más le duele a su gente. Eso despertará debates, reabrirá discusiones y agitará un poco la vida del club. La esperanza que queda es que, como dice el replicante en la película de Ridley Scott, los recuerdos de ayer "se pierdan como lágrimas en la lluvia". Pero va a costar.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

Buscador de deportes

Enlaces recomendados: Premios Cine