"Te hacía creer en la magia"

Norm Maxwell, compañero de Lomu en los All Blacks, lo ensalza - El mensaje en una botella al astro marcó el destino del Blusens

19.11.2015 | 03:53

La muerte de Lomu se lamenta de forma íntima en Vigo. Se le llora como ídolo; también como amigo y compañero. Lomu, aunque fuese casi sin querer, emitiendo un simple acuse de recibo, también marcó un antes y un después en el Blusens.

Fue el 26 de marzo de 2009. El Vigo R.C. atravesaba una grave crisis. La directiva consideraba seriamente la desaparición. Pesaban las deudas y el desánimo. No acababa de cuajar su misión apostólica en la periferia rugbier. Sus canteranos se resistieron. De ellos surgió la idea de hacer llegar a Jonah Lomu su particular S.O.S. en una botella.

El plan consistía en transmitirle el mensaje empleando la teoría de los seis grados, que asegura que dos seres humanos de cualquier punto del planeta están conectados a través de media docena de relaciones personales. A Lomu intentarían llegar los canteranos aprovechando las amistades del oval. Al All Black solo se le pedía ejercer de receptor. El objetivo era llamar la atención sobre la situación del club.

Aquellos chavales vigueses lo consiguieron. Su mensaje recorrió más de 41.000 kilómetros. Hizo escala en Dublín, Wellington, Dublín otra vez o París, llegando tarde a veces, retrocediendo para volver a avanzar. El 22 de febrero, en la localidad gala de Castres, Jean Marc Foucras entregaba el mensaje vigués a Lomu, que respondió con palabras de consuelo y esperanza.

El S.O.S surtió efecto. En verano de 2010 llegaron al Blusens David Monreal y Norm Maxwell, el tándem técnico que conduciría a la escuadra a su histórico ascenso a División de Honor, el primero de un equipo gallego. Un lustro prodigioso. Y aunque el XV del Olivo ha descendido a Honor B, tiene un sólido porvenir basado en sus escuelas.

Pero Lomu no es solo un icono luminoso en la distancia. Maxwell lo conoció en carne y hueso. Compartieron la casaca negra y el helecho plateado de los All Blacks desde las selecciones inferiores a la sénior. Juntos disputaron el Mundial de 1999. "Una palabra para describir a Jonah sería 'único'. No ha habido otro como él, 195 centímetros y 120 kilos de puro músculo, velocidad relampagueante y habilidad. Hacía cosas increíbles", recuerda el entrenador del Blusens. "Era humilde, amable, considerado y generoso. Alguien a quien nunca podrías ni querrías olvidar. Una de esas personas que solo aparecen una vez en tu vida y te hacen creer en la magia".

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