Viaje a la otra cara del fútbol

Los célticos pudieron pagar su despiste inicial ante un rival cuyo estilo más se les atraganta, pero Aspas solventó ese desliz

27.09.2015 | 02:49
Gustavo Cabral marca al japonés Inui en presencia de Radoja. // Iñaki Andrés

Empate insatisfactorio para el Celta que asombró al mundo, el del traje de fiesta y los excesos. Empate valioso para el Celta cotidiano, de mono sucio, que debe ahorrar punto a punto su permanencia antes de permitirse otras alegrías. Empate con sombras y luces, que siembra dudas y asienta certezas.

sensación de asfixia

Ipurua ayuda tanto al Eibar como el Camp Nou al Barcelona. Es su ecosistema natural, la tierra de la que nace y se alimenta. Los eibarreses discuten su fama de cancha pequeña. Esgrimen cifras, el ancho por el largo. Mandan las sensaciones sobre las matemáticas. Ipurua provoca claustrofobia en el adversario. El Celta tardó sesenta minutos en aprender a respirar.

peaje físico

El Eibar, a diferencia de lo que sucedió ante el Barcelona, se sostuvo y por momentos se impuso en el cuerpo a cuerpo. Hay que descartar la relajación o la soberbia en los celestes. Pesó el cansancio. El estilo obliga al Celta a un gasto físico brutal. Aunque de plantilla joven, no le convienen estas jornadas entre semana. Necesita ciclos completos de recuperación.

Las sustituciones

Mala suerte para el griposo Guidetti, que se había ganado el derecho a la titularidad sin que lo haya perdido Aspas, lo cual limita en esta fase del campeonato sus posibilidades. Berizzo necesitaba al sueco para rentabilizar el inevitable juego directo que los partidos contra el Eibar exigen. Sin él, al Celta le costó descubrir otros caminos. Bongonda apareció bien, pero poco. A Tucu le incomodó la intensidad. Corre el riesgo de entar en fase depresiva y el Celta, tan corto en arsenal, lo necesita. Drazic exhibió cierta electricidad. Berizzo agotó esta vez las sustituciones bien pronto. Lo que tanto se le exige y es quizás una mala señal en él. Parece concluir, de entrada, que esas mínimas rotaciones no funcionan. Aspas y Wass quedan señalados en este instante como imprescindibles.

el peor rival

Saber qué táctica va a aplicar el adversario no te cura de antemano. "Será un partido más difícil que ante el Barcelona", había declarado Berizzo y pareció una exageración para motivar a sus jugadores. Pero es verdad que el Eibar, en cuanto a dinámica de juego, le viene peor al Celta que el Barça. El Eibar juega con dos delanteros. Eso obliga a uno de los centrocampistas a ejercer de libre. Una situación más áspera en el libreto celeste. Además, los eibarreses acosan en bloque la salida rival de balón. En el Barcelona, Neymar y Messi dimiten pronto. Sergio siempre encontraba a Jonny por la banda del argentino si se sentía agobiado. Por otra parte, el marcaje al hombre del Celta no resulta tan rentable ante un contrincante que se deshace del balón al patadón a la primera señal de incomodidad. El conjunto vigués casi nunca pudo contragolpear ni iniciar la fase ofensiva a pocos metros de Riesgo. Todo lo tuvo que masticar mucho más. Y es en estas situaciones, con su vértigo adormilado, con el enemigo bien apretado en dos líneas contra su frontal, en las que se añora a Michael Krohn-Dehli. Él sabía coser bien las combinaciones duraderas, pase a pase, hasta descubrir la grieta en la muralla.

Iago Aspas

Las redes sociales y los medios de comunicación se han llenado estos días de comentarios sobre Iago Aspas. Especialmente en los entornos de sus exequipos, Liverpool y Sevilla. En el equipo andaluz, en realidad, jugó bastante bien. Se lesionó cuando Emery le había abierto la puerta y el técnico le cicateó después las ocasiones. Su exhibición ha causado estupor en Inglaterra, donde conocieron una versión muy pobre del moañés. Algunos jugadores solo se conciben con una camiseta concreta. La llevan inserta en el código genético. Iago necesita besar ese escudo. La lección vital de entenderlo lo ha hecho maduro.

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