Berizzo y el poder del ahora

El entrenador argentino se reúne con la plantilla para centrarse de lleno en el encuentro ante el Eibar

25.09.2015 | 17:02
Berizzo, en un entrenamiento del Celta // RICARDO GROBAS

La Liga no da tregua. El lema del "partido a partido" se radicaliza sobre todo esta semana. 48 horas después de firmar una proeza histórica, el Celta se ve obligado a olvidar la goleada firmada al FC Barcelona. Sólo importa el horizonte. Eibar es el siguiente objetivo. Por ello, Eduardo "Toto" Berizzo y su cuerpo técnico han conversado con la plantilla. Ipurúa será una plaza difícil. Muy exigente. El preparador argentino quiere frenar la euforia. Tiene la lección aprendida de la temporada pasada, cuando tras ganar en el Camp Nou el cuadro celeste encadenó diez jornadas sin conocer la victoria.

El fútbol siempre da una segunda oportunidad y el Celta quiere aprovecharla para demostrar que no va a tropezar dos veces sobre la misma piedra. El propio Cabral rebajaba ayer la euforia que se ha instalado en el celtismo. El conjunto vigués tiene clara cuál es la receta para vencer a domicilio al Eibar. La intensidad, la presión adelantada y el fútbol mostrado en los dos últimos encuentros son tres factores determinantes para seguir otra semana más en lo más alto de la tabla. Sin embargo, la empresa no será fácil. Todo hace indicar que Berizzo refrescará al equipo. Es el momento de hacer rotaciones, de examinar el fondo de armario de una plantilla que, ya de por sí, es corta. Una de las novedades fijas parece la titularidad de un John Guidetti que ya sabe lo que es marcar como celeste en competición oficial.

Berizzo también repasó en sala de prensa el objetivo real de este Celta. "No veo más allá de los 42 puntos. Es cierto que hemos hecho muchos puntos, pero la temporada es larga", afirmó el argentino. El "Toto" se fija la meta innegociable. El discurso está tatuado tanto en él como en sus jugadores. Primero la exigencia, cubrir la necesidad básica de renovar su continuidad en Primera División; después, soñemos. La visita a Eibar supone un regreso a la vida real, a la rutina. Es un duelo contra un rival directo, un enfrentamiento ante un adversario que también atraviesa un momento dulce. Ganar supondría dar otro paso, hacia la salvación y hacia ese anhelo de pasear el "fútbol de salón" que aniquiló al Barça por el Viejo Continente.

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