El sostén del equipo de moda

Axel Witsel da equilibrio en la medular a una Bélgica plagada de estrellas que deslumbran en algunos de los mejores equipos europeos

19.06.2014 | 01:21
El sostén del equipo de moda

Bélgica es el candidato a revelación del Mundial. El equipo que todos los aficionados al fútbol querían ver desde que comenzó la cita de Brasil 2014. Tiene juventud, mestizaje y talento a raudales. Courtois, Kompany, Lukaku, Mertens, Dembelé, Fellaini o la fulgurante estrella del Manchester United Januzaj. Todos ellos son jugadores con un cartel enorme y que juegan en algunos de los equipos más importantes del continente europeo. Por encima de todos ellos está Eden Hazard, el jugador estrella del Chelsea de Mourinho. Pese a la inoportuna lesión del delantero del Aston Villa Benteke, la nómina de futbolistas es tan buena que llevan el cartel de "revelación" desde hace meses. Las expectativas son tan altas que todo lo que sea quedar eliminada antes de cuartos de final se consideraría un fracaso. Sin embargo, muchas veces Bélgica no funciona como colectivo tan bien como se espera. Eso sí, cuentan con un mediocentro de un altísimo nivel y que sostiene al equipo mientras busca su identidad: Axel Witsel. Esto quedó claramente demostrado en el primer partido de la Copa del Mundo que la generación de oro belga jugó el martes contra Argelia. Las cosas se pusieron muy complicadas para los belgas tras conceder un penalti absurdo. Antes de que hiciesen aparición las estrellas en ataque y mientras los norteafricanos mantenían las piernas frescas y su maraña defensiva parecía impenetrable, Witsel consiguió que los suyos no se descosiesen e incluso se descolgó con tres tiros potentes de larga distancia, llevando el único peligro por parte de Bélgica en la primera media hora de juego. Aunque la remontada final la acabarían decidiendo los cambios: Fellaini de cabeza y Mertens culminando un contragolpe rápido, como acostumbra a hacer en el Nápoles.

Witsel es un mediocentro que domina prácticamente todos los recursos en la zona ancha del campo. Su llamativo pelo a lo afro ayuda a que no pase desapercibido, pese a que muchas veces se encargue del llamado trabajo sucio. Destaca en las tareas de recuperación, pero tampoco tiembla en la organización y la salida del balón. Llega a la frontal de área con cierta velocidad generando peligro en disparos a distancia. La intensidad es lo que le define en tareas defensivas.

A sus 25 años y tras darse a conocer al gran público en el ambicioso Benfica de Jorge Jesús con una única temporada brillante, su futuro parecía estar escrito en clave Premier League, como ocurre con tantos otros jugadores que despuntan en la liga portuguesa. Sin embargo, el rublo pesa mucho y el Zenit de San Petersburgo se hizo de una tacada con sus servicios y con los del brasileño Hulk, por entonces estrella del FC Porto. Hasta 40 millones de euros dejó su marcha en las arcas del club lisboeta. Difícil decir que no a una cifra de ese calado, pese que se marchase un jugador clave. En el Benfica solo ganó una Taça da Liga, pero su rendimiento venía acreditado por sus éxitos en el Standard Lieja. Ente 2006 y 2011 jugó 148 partidos con uno de los gigantes de la Jupiler League. Anotó la nada desdeñable cifra de 34 goles, pese a que esa no era su función.

En Bélgica alzó dos títulos de liga, una copa y dos supercopas. En la 2007/08 fue elegido jugador belga del año. Pero, al igual que al resto de su generación, le quedaba hacer algo grande con su selección. Por fin se clasificaron para una fase final, el actual Mundial. Además tuvieron suerte y quedaron encuadrados en un grupo bastante asequible. Solo la capacidad de gestionar tanto talento que demuestre el entrenador y otrora leyenda del fútbol belga, Marc Wilmots, dictaminará cuando emprenden el camino de regreso a casa. La mezcla de valones, flamencos y descendientes de africanos es lo que hace de Bélgica un combinado variopinto, que logró ilusionar como nunca a su afición, haciendo de la diferencia una virtud, justo en una época en la que el estado belga amenaza con desaparecer precisamente por la dificultad para encajar en un proyecto común esas mismas diferencias.

Sus comienzos en el Zenit fueron complicados, pero con la llegada de André Villas-Boas al banquillo su rendimiento mejoró mucho, ahora falta saber si conseguirán retenerlo muchos más años en Rusia. Para el combinado nacional ya jugó en todas las categorías inferiores y fue un fijo de Wilmots en el mediocentro a lo largo de toda la fase de clasificación. Acompañado por Moussa Dembelé (Tottenham) en el doble pivote. En algunas ocasiones su pareja de baile fue el jugador del FC Porto Steven Defour.

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