La noche de los complementarios

18.04.2014 | 19:41

En la final de Copa del pasado miércoles hubo ausencias notorias, como la de Cristiano Ronaldo. Y otras encubiertas, como la de Messi. Si el portugués no se vistió de corto, Messi lo hizo pero no aportó mucho más que si se hubiera quedado en la banda. El realizador de la transmisión televisiva le sorprendió cuando lanzaba un escupitajo durante la interpretación del himno nacional español, que la hinchada barcelonista abucheó, en cumplimiento de una estúpida costumbre reciente que es menos peculiar de lo que supone, pues en Francia ya han silbado alguna vez "La Marsellesa". Es increíble que los futbolistas actuales, tan preocupados de su imagen como conscientes de que viven en un primer plano perpetuo, no traten de erradicar la fea costumbre del gargajo. No dio la impresión, sin embargo, de que la intención de Messi tuviera intencionalidad política. Pero si la saliva que salió de su boca lo hubiera hecho cargada de alguna intención, seguro que se referiría al propio partido, como si no le interesara. Cada vez se acentúa más la sensación de que el rosarino se ha autoconcedido un año sabático, que terminará en vísperas del Mundial de Brasil. El precoz Messi ya ha ganado muchísimo, pero todavía no lo ha ganado todo y seguramente no quiere que le pase lo que a Di Stefano,que dejó su vitrina sin el trofeo más importante del fútbol, el de campeón del mundo, ese título que Messi quiere ganar con Argentina, donde el maradonismo le niega el pan y la sal. Y sin Messi el Barcelona actual es poco. Incluso el Barça estelar de Guardiola hubiera sido mucho menos de lo que llegó a ser. Pero muchísimo menos.

de neymar a bale. Para complementar a Messi o compensar sus posibles mermas o ausencias, el Barcelona fichó a Neymar, que de momento no ha pasado de ser una estrella vicaria, de apariciones fugaces. En ese aspecto ha tenido más fortuna el Madrid con la adquisición --eso sí, a un precio desorbitado-- de Bale, el complementario de Ronaldo. A Bale, al parecer, sus compañeros le reprochan que colabora poco en defender, pero es capaz de brillar con luz cegadora, aunque sea de tarde en tarde. El partido de Mestalla, con un título en juego, era una excelente ocasión para los grandes secundarios. Bale persiguió su oportunidad con vehemencia. Rozó el gol en varias ocasiones y las cámaras mostraron su rostro demudado cada vez que se le escapaban. Tuvo varias, porque el estilo de juego del Madrid, profundo y veloz, le brindaba una plataforma propicia para su potencia y velocidad. A Neymar, en cambio, el fútbol-posesión del Barcelona, le obliga a resolver en espacios pequeñas y siempre superpoblados de jugadores contrarios. Con todo, tuvo su gran oportunidad al final del partido. Pero su remate se fue al palo. No le acompañó la suerte, que también juega, y mucho. De ese modo su remate no pudo echar ni una vedija de bruma sobre la colosal jugada con la que minutos antes Bale había marcado el signo del partido: un sprint de más de sesenta metros, tan demoledor que no solo desfondó a Bartra sino que también aturdió a Pinto, que abrió al galés el portillo del primer palo.

dos señores entrenadores. El partido tuvo un resultado justo y un epílogo a la altura de su importancia. Nada que ver con el de varias temporadas atrás, cuando Mourinho envenenó el encuentro, antes, durante y después de jugarse, para salvar sus propios muebles. Esta vez los dos entrenadores estuvieron a la altura. A Martino le ha tocado la difícil papeleta de clausurar un ciclo del Barcelona como quizá no vaya a haber otro y lo ha hecho con una elegancia ejemplar. Da gusto asistir a sus conferencias de Prensa, no tanto por lo que dice como por su actitud reflexiva y respetuosa, desde la que trata siempre de hablar de fútbol. En cuanto a Ancelotti, con él han vuelto al banquillo del Madrid la respetabilidad y la cordura. De la única y extraña sombra de ese banquillo salió por cierto un inmaculado Casillas --cero goles en contra hasta la final-- para recoger una Copa muy diferente. Tendría gracia que recogiera también la Décima mientras a su equipo se le escapaba la Liga, en la que el capitán sigue sin jugar.

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