Seis minutos

13.04.2014 | 01:25

El Liverpool nunca juega los 15 de abril. Adoptó esa medida en 1989 y jamás se ha saltado esa norma sagrada. Ese día se reserva para llorar, para el silencio, para el recuerdo de los 96 hinchas que perdieron la vida en el estadio de Hillsborough, en Sheffield. Acudían con la ilusión de ver a su equipo disputar la semifinal de Copa contra el Nottingham Forest y se encontraron una trampa mortal en uno de sus fondos, el infame Leppings Lane que las autoridades habían adjudicado a los aficionados "reds" simplemente porque estaba mejor orientada hacia las carreteras de salida hacia Liverpool. Una ratonera que provocó la asfixia de casi un centenar de aficionados que dieron sus últimas bocanadas de aire enjaulados en la grada de un estadio, aplastados por sus propios vecinos contra las viejas vallas, sin otra alternativa que la muerte.

Se llevaban jugados seis minutos interminables de aquella semifinal cuando un par de hinchas lograron saltar al terreno de juego y se acercaron a Alan Hansen, capitán del Liverpool, que como el resto de futbolistas se sentían desconcertados al ver a docenas de hinchas trepando por las alambradas o tratando de alcanzar el graderío superior con la ayuda de otros aficionados. "Ahí está muriendo nuestra gente" le dijeron con desesperación. Apareció entonces un policía en el terreno de juego y se acercó al árbitro para pedirle que detuviese el partido. Fue entonces cuando la tragedia se hizo más evidente. El terreno de juego se llenó de cuerpos inertes, muchos niños y adolescentes. La mayoría de los 96 murieron en la grada o sobre la hierba de Hillsborough sin apenas atención. olo una decena lo hicieron en hospitales de Sheffield.

Veinticinco años después nadie ha pagado por aquella barbarie pese a los evidentes y vergonzosos fallos en la seguridad que se produjeron. Hillsborough sirvió para cambiar el fútbol, su forma de disfrutarlo en los estadios. Sucedió después del famoso Informe Taylor en el que un juez enumeró de forma superficial algunos de los errores cometidos y sobre todo orientó las medidas que debían introducirse para convertir el fútbol es un espectáculo seguro para los aficionados. Allí comenzó el proceso para terminar con los graderíos de pie, las vallas o el descontrol de las hinchadas más violentas, pero nadie asumió la culpa. La verdad oficial, la administración, culpó de la tragedia al "hooliganismo", responsabilizó a los propios aficionados de provocar su muerte y trataron de enterrar el caso en el fondo de la memoria. Fueron los hinchas del Liverpool los que nunca desistieron. Limpiar el nombre de quienes sufrieron la tragedia y también de quienes sobrevivieron a ella, se convirtió en una obsesión para ellos y solo su constancia ha permitido que se supiese lo que realmente sucedió allí. En 2009 se desclasificaron muchos documentos, continuaron las investigaciones y el estupor de lo revelado llegó a tal punto que el Gobierno inglés en 2012 se vio obligado a perdir disculpas al tiempo que la Justicia reabría el caso.

La cantidad de errores cometidos en Sheffield es interminable. Ya se sabía que la Policía, cuyo responsable había accedido al cargo solo dos semanas antes, envió a miles de aficionados -muchos de los cuales llegaron tarde por los atascos que había cerca del estadio- hacia una zona del graderío que ya se encontraba completamente repleta y que tardaron demasiado tiempo en entender la gravedad de la situación. Pero lo que se ha sabido después produce aún más indignación. La primera ambulancia llegó al estadio casi diez minutos después de que el partido se hubiese detenido porque tardaron demasiado en poner en marcha el protocolo de emergencia; casi la mitad de los fallecidos se calcula que se podrían haber salvado de haber recibido asistencia de inmediato; se manipularon casi 250 declaracione de agentes de la policía, se pincharon teléfonos de víctimas y se multiplicaron los análisis sanguíneos en busca de rastro de alcohol con el que justificar la teoría de que aquello fue provocado por unos hooligans con ganas de armar bronca.

Este fin de semana el fútbol inglés juega con Hillsborough en el recuerdo. El próximo martes se cumplirán 25 años de la tragedia, pero ayer y hoy todos los estadios son escenario de un sentido homenaje dedicado a los 96 muertos y también a quienes pelearon durante 25 años por defender su memoria y buscar a los culpables de aquella infamia. Hoy en Anfield, la casa del Liverpool, donde el gran monumento dedicado a las víctimas siempre está repleto de flores frescas, se espera una tarde de emociones fuertes coincidiendo además con un partido ante el City, decisivo para el campeonato. El partido, como el resto de la jornada, comenzará con siete minutos de retraso, el tiempo que tardó en pararse aquella semifinal y abrir las puertas que daban al terreno de juego, esos siete minutos que tal vez hubieran disminuido el tamaño de la tragedia vivida en un estadio, Hillsborough, que no quiso cambiar su nombre como Heysel para borrar las huellas de su triste historia. Permanece con su nombre intacto, vivo, como símbolo de la tragedia y tal vez algún día somo símbolo de la Justicia.

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