El Calvario de Roberto

08.05.2013 | 07:34

Ángel Torres revela lo que se sabía. Escuece porque le da el certificado oficial. Quiebra la ficción de que el futuro de Roberto Lago aún podía escribirse en celeste. El fútbol tiene mucho de escenificación teatral. Necesitamos creer que los futbolistas serán nuestros para siempre o al menos hasta que la edad los venza. Una mentira asumida como tal. No agrada que alguien nos la rompa en pedazos antes de tiempo.

Torres menciona a Lago en la retahíla de sus fichajes y ventas. No le concede excesiva trascendencia. Poco le importa que sitúe al jugador en una situación incómoda o que el Celta pelee por la permanencia. Y eso que Torres es buen gestor pese a su adicción al micrófono y a que el cemento del Coliseo le tuerce la cara.

Su indiferencia es peor síntoma que la maldad. Refrenda que la Liga es un colectivo caníbal. Se va de lo grueso del amaño a lo menudo de estos deslices. Los presidentes jamás entenderán que su producto es la competición común. Se tienen como enemigos, no como socios. Una concepción que explica muchos males del fútbol español.

Seguramente la situación de Roberto jamás debió llegar a este punto. Estaba entre los lamentos de Herrera, según me dicen. Tuvo que resolverse el pasado verano con su renovación o su venta. Los finales de contrato siempre resultan ásperos y suspicaces. Aunque no debiera y menos en este caso.

En realidad, que Lago haya firmado ya un nuevo contrato debiera alejar cualquier sospecha de que no meterá la pierna en esta fase crucial. Lesionarse no le resultaría un drama. Y hasta sin firmar lo hubiera hecho. Habrá jugado bien o mal, como cualquiera y por las mismas razones misteriosas del fútbol. Si su incertidumbre contractual lo tuvo despistado, como a Aspas, ya pasó.

Así que Balaídos no debiera silbarle si falla un pase o una marca. Todo es natural. Lago y el Celta se han correspondido en el trayecto. Se va porque aspira legítimamente a un dinero que el club, en su coherencia presupuestaria, no puede proporcionarle. Ambos en lo suyo. El único Calvario de Roberto es en realidad el Calvario de Tito, el niño que creció en las calles de la zona alta de Urzaiz. Tras cumplir sus sueños infantiles, hoy toma decisiones de hombre y como hombre sabrá comportarse hasta el último día.


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