balonmano - Liga Asobal

El Octavio despierta de la hibernación

El cuadro académico supera un único instante de pánico en su solvente encuentro y sale de la zona de descenso

17.03.2013 | 04:29
Rafa Dasilva circula el balón en primera línea. // José Lores
Rafa Dasilva circula el balón en primera línea. // José Lores

academia octavio 29
Lloria; Juárez (6, 3p), Dasilva (3), Cacheda (5), Fran González (2), Frade (4), Cerillo (9, 2p) -siete inicial- Vargas, Jabato, Alemany.
guadalajara 25
Jorge Gómez; Monteiro (1), Reig (2p), Fontenla (2, 1p), De la Rubia (5), Bozaongo (1), Nenadic (6) -siete inicial- Parra (4), De la Salud (2), Tremps (2), Aguirrezabalaga, Plaza.
marcador cada cinco minutos: 1-0, 4-3, 5-4, 9-5, 11-7, 14-9 (descanso), 16-11, 19-14, 22-17, 25-19, 25-23, 29-25 (final).
Árbitros: Los hermanos Gude Prego. Excluyeron a los locales Frade (2), Juárez, Dasilva y Cerillo, y a los visitantes Monteiro, Plaza y Bozalongo (2), además de a Mateo Garralda por protestar.
Incidencias: Un millar de aficionados en As Travesas. El entrenador del Frigoríficos del Morrazo, Víctor García "Pillo", fue el ganador de una de las cestas que rifaba el Academia Octavio.

El Octavio despierta de su letargo. Su hibernación ha concluido. El invierno ha sido largo y duro, resuelto en goleadas dolorosas. Así lo dictaba el calendario. Los viejos osos académicos, sabios en cicatrices, aguardaban su momento. Han reservado sus energías para aplicarlas en lo necesario. El cuadro vigués derrota al Quabit y sale del descenso. Primer paso hacia una permanencia que pasa por As Travesas.

El grupo se explica en Rafa Dasilva. En lo que se empeña contra lo que le sobra, que son años y kilos. Nadie se lo imaginaría vaciando su exuberancia durante todo el partido en ataque y defensa; enternece que jalee a los aficionados como un chiquillo. Inteligencia en el esfuerzo y entusiasmo. La receta académica.

El Octavio se impone así a sus carencias. A las materiales, por ejemplo. En la hora de la verdad Quique Domínguez acumula la distribución de minutos en sus piezas básicas. Kallman calienta para justificar la sudadera que lleva puesta; los canteranos ejercen de espectadores de banquillo. El técnico gestiona todo el partido con diez efectivos, distribuidos mayormente en dos cambios ataque-defensa. Y eso con varios hombres en los dos lados de la frontera de los 40 años.

La crisis juega también sus bazas en la Asobal. Los impagados que encuentran destino emigran en enero. Las dificultades financieras desmochan las plantillas. En muchos sentidos todo recomienza. Al Octavio se le ha ido Polakovic, empobreciendo la primera línea. Al Quabit, Rasic y Radulovic. Si el Octavio ha perdido fuelle, los alcarreños menguan en talento e inteligencia. No ayuda Mateo Garralda. Toda su veteranía se le ha ido por el desagüe en el traslado de cargo. Es como si no hubiese asimilado su retirada. Se mueve en la banda como una fiera enjaulada y contagia esa fiebre a sus muchachos. Tampoco leyó bien el choque. Anticipaba una defensa adelantada del Octavio que evidentemente no se produjo, siendo Nenadic la única amenaza lejana. Los locales se atrincheraron en seis metros y contra ellos se estrellaron los visitantes. Sí tuvo Garralda una apuesta interesante mediada la segunda mitad. Percibió el desgaste académico y se la jugó con un 3.3 abierto que se tradujo en un parcial de 0-5, de 25-18 a 25-22. El Octavio había ahorrado lo suficiente. Controló su pánico y sentenció sin agobios.

Fue el único tramo dubitativo en el relato del encuentro. Cacheda acaparó el juego en el arranque. El Octavio bailó con esos cruces constantes que son como cortejo de pájaro. Tuvo algún problema para conectar con la segunda línea, especialmente con Juárez. Bastó, sin embargo, para ir madurando sus primeras ventajas.

La defensa impulsó el despegue. Cegó los caminos del Guadalajara. Al otro lado del laberinto aguardaba Lloria, que en el periodo inicial acumuló una decena de excelentes intervenciones. Garralda agravaba el problema. Es de la escuela de Pastor. Utiliza sistemáticamente el portero-jugador en las inferioridades, al punto que su efecto disminuye y se vuelve contrario. El 14-9 asentaba los ánimos vigueses al descanso.

La dinámica se mantuvo en la reanudación. El Quabit empleaba su juventud en galopadas atolondradas. Despilfarraba su remontada en cada contragolpe fallado. El Octavio, estando quieto, corría mejor. Solo esa última disposición táctica de Garralda le descubrió las oxidaciones, pero demasiado tarde. Fran, Dasilva y Cacheda, que es un viejo prematuro, templaron el ritmo. Es por eso que esta escuadra puede aspirar a quedarse en Asobal. Tiene menos recursos que la mayoría, pero sabe emplearlos. Conociendo el ciclo de la vida, sabe esperar a la primavera.

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