El infierno de lo previsible

Aspas cae en lo que le advierten y Abel propicia un equipo que se somete al suicidio asistido de Valerón y Riki

16.03.2013 | 03:33
Roberto Lago reclama falta tras chocar con un jugador deportivista. // Marta G. Brea
Roberto Lago reclama falta tras chocar con un jugador deportivista. // Marta G. Brea

El gesto grosero de Iago Aspas es un maquillaje a brochazos. Generará debate. Traerá a colación las denuncias de Paco Herrera. Distraerá en general la atención sobre lo sustancial: el desastroso planteamiento, las apuestas absurdas de Abel, la descomposición que el cambio de técnico ha acelerado. El Celta sale muerto de Riazor porque, a diferencia del Deportivo, todavía no ha tocado fondo. Y encima el calendario le depara dos semanas rumiando todas las miserias que el derbi destapa o acentúa.

Lo peor es que el Celta cae en lo esperado, sin sorpresa ni emboscada del Deportivo: un gol de Riki a pase de Valerón, una expulsión de Aspas en la guerra de nervios con Marchena, un deficiente planteamiento mental... La derrota, más que asesinato, ha consistido en un suicidio asistido, en una cadena lógica de causas y consecuencias.

Terquedad técnica

Abel sostiene sin enmienda. Insiste en imponer su sello a costa de la lógica. El fuera de juego en una defensa adelantada exige una coordinación absoluta. Todas las piezas deben estar ajustadas al milímetro. Alguien ordena la línea y los demás obedecen. Se debe actuar por la fuerza de lo mil veces repetido. El fuera de juego adelantado demanda una pretemporada al menos y es a veces la culminación de varios años de marinado. Abel ha querido operar un cambio estructural profundo a mitad de camino y sin los jugadores adecuados para ponerlo en práctica. En la plantilla no existen centrocampistas de presión intensa, que agobien al pasador rival, ni centrales rápidos, que corrijan el desliz. El Celta, o sea, se está suicidando a mayor gloria del ideario de Abel.

Extraña elección

Abel aplica el manual a ciegas en el apartado que invita a recurrir a los veteranos en situaciones de crisis. Se ha puesto en manos de De Lucas y Pranjic. Creyó que su experiencia pesaría. Pero está pesando más la escasa dinámica de juego de ambos. De Lucas es la nada entre acciones a balón parado; Pranjic, un zurdazo ocasional, de futbolista de baldosa. No están en condiciones de alterar el rumbo de la escuadra.

El capítulo negro de Iago

Iago Aspas ya ha escrito el capítulo negro de su relato, tan repleto hasta ahora de agradecimientos. Le hemos invitado a creerse su propia leyenda. Al interiorizar el papel de salvador, ha vuelto a cruzar esa frontera de la locura que parecía haber abandonado para siempre. Esto del cabezazo es un asunto concreto, aunque pueda resultar letal. El tuétano es que Aspas ha acaparado todo el ruido de la temporada, la gloria y el pavor. El equipo ha sido eso que se atisbaba tras el moañés. Hasta el dibujo ha retratado a veces ese contenido piramidal. Los técnicos no han sabido enriquecer la receta. Muchos compañeros se han sentido cómodos a su sombra. Pues bien, Iago ya tienen su penitencia. La previsible sanción de cuatro encuentros desnuda a los demás, obligados en esta orfandad a crecer o morir.

park, el último recurso

En el discurso de Paco Herrera existía una contradicción. Era consciente de la necesidad de creer en Park, el único caudal anotador posible que acompañase a Aspas, y sin embargo no acabó de invertir en el coreano el tiempo necesario. Park es con diferencia el mejor jugador de área que tiene el Celta. Ha fallado muchas porque ha tenido muchas gracias a esa cualidad tan difícil de argumentar que es el instinto. Sin Aspas, no queda otra salida que jugársela con Park al todo o nada.

homenaje celeste a valerón

Abel y el Celta facilitaron el enésimo homenaje a Valerón. Le regalaron ese metro y ese segundo que los 37 años le exigen. El problema del Deportivo es que ningún otro adversario le concederá esa facilidad al gran mediapunta canario. No se necesita ningún vídeo editado para saberlo, como no se necesita ningún sesudo análisis para que el entrenador rival descubra que un cambio de banda desmonta al Celta. Es nuevamente fallar en lo obvio.

una sola razón para creer

Seguramente el comportamiento de los equipos retrata una diferencia sociológica de mayor calado. El "sí se puede" coruñés, enfático, aunque su equipo exhibiese síntomas de su enfermedad en un partido que tenía a su merced. El blando carácter celeste que se hizo tan evidente en la comparación con la entrada de Krohn-Dehli, el único capaz de endurecer el rostro. Con todo, existe una razón sólida para creer en lo que en estos momentos se antoja el milagro: con todos sus defectos colectivos, incluso con los agravios que se ventilan al hilo de Aspas, este equipo no se cae. Ayer en Riazor, en circunstancias propicias a la goleada sonrojante, el Celta se vacío hasta el final. Ahí reside la esperanza.


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