ALEJANDRO LÓPEZ - VIGO
El Celta B terminó la temporada en Barreiro con una dolorosa derrota ante el Vecindario. El conjunto vigués, sin ningún objetivo que cumplir, no pudo despedirse con una victoria. Fue un castigo excesivo ante un rival que aseguró su continuidad en la Segunda División B la próxima temporada. Los canarios lo celebraron en el campo y en el vestuario. Algunos de ellos lloraron. El 2-3 final no refleja lo que sucedió sobre el terreno de juego.
El grupo de Milo Abelleira se mantuvo fiel a su estilo. Nunca renunció a tener la pelota y además en esta ocasión a jugar con la ansiedad de su adversario. Pero el Vecindario jugó sus cartas desde la tranquilidad. Nunca se puso nervioso, sobre todo cuando encajó los goles y se quedó con un jugador menos. El Celta B puso las ocasiones para marcar, un sinfín de ellas, y su rival la efectividad. El Vecindario llegó cuatro veces a la portería de Manu. Anotó tres goles y envió un remate al palo.
Un error defensivo le costó la derrota al conjunto vigués. Una serie de fallos encadenados, un mal despeje, la confianza de que el rival no apretaba y el resultado final un tanto de Manu que llevó al Vecindario a la victoria. Los canarios estaban con diez en el campo. Antes de terminar el partido, Yoni envió un balón al poste de la portería céltica.
Los discípulos de Milo Abelleira se marcharon cabizbajos al vestuario. Habían desperdiciado una magnífica oportunidad de lograr el triunfo, despedirse de su público con una victoria y además ante un rival que no fue superior. Su tristeza contrastaba con un Vecindario que confirmó su presencia en la Segunda División B. Su celebración mostró la tensión que había vivido. Ganaron el encuentro, los tres puntos en juego y también algo más para el futuro.