ARMANDO ÁLVAREZ - VIGO
Dos canteranos se han eregido en grandes protagonistas del arranque liguero. Alex López inyecta frescura y equilibrio en la medular. Dani Abalo amaga con convertirse en el gran extremo que sus condiciones le permiten ser. Ambos están en una temporada crucial. "Trabajaré para que este sea mi año", anticipa Abalo. Otra cosa es que esa posible explosión se traduzca de forma contable en sus economías. El arousano, seguido por varios equipos de Primera División, no tiene representante; el ferrolano debe resignarse al contrato que firmó por el filial. En Praza de España no están para dispendios y a Álex lo ata una cláusula de recisión elevada. Son joyas en ciernes que la situación actual del mercado convierte en bisutería.
Abalo suma dos goles y tres asistencias en los tres encuentros que ha disputado hasta el momento (dos de Liga y uno en Copa). La estadística, aunque escueta y fría, resume la metamorfosis que el joven desea experimentar. Abalo siempre ha desbordado con facilidad. Lo hacía ya cuando Javier Maté lo descubrió en un torneo en Vilagarcía. Ganaba el último cuarto de cancha como quien pasea por la playa. Era la última decisión su Naranco de Bulmes, una pared vertical imposible de escalar. Abalo apostaba por el regate superfluo, estropeaba el remate, desnortaba sus centros.
Ya Eusebio charló muchas veces con él sobre la pausa que es necesaria en esa suerte, sobre el ligero instante que se debe conceder al pensamiento. Paco Herrera incide en la pedagogía y le pone a Mosquera como profesor particular. Herrera sabe lo que tiene entre manos. "En el fútbol actual hay pocos extremos puros", ha analizado. A Abalo, además de definición, le pide constancia, "que nos dé 90 minutos", y que eleve su umbral de dolor para plantarle cara a los laterales más corajudos.
El chico está respondiendo. Es pronto para concluir que será capaz de madurar. Pero el hecho mismo de que lo insinúe acrecienta el interés de los clubes de Primera que desean precisamente ese funambulismo sobre la línea de banda que Abalo ofrece. El Espanyol ya lo quiso en su día a precio de saldo, para su filial. A los catalanes se une el Sevilla. Al Celta no le hace gracia el interés. A Abalo no quieren venderlo, sino disfrutarlo. Pero el plan de viabilidad aprieta. Este verano no se ha ingresado el millón y medio previsto. El próximo verano toca otro tanto.
El caso es que Abalo llega a esta encrucijada sin representante. Con el que tenía hubo diferencias, cierto descontento. Le guarda un resquicio abierto por si le resulta útil. El Celta, en lo que respecta a mejorar el salario, se escuda en un contrato de larga duración.
Que es también lo que sucede con Álex López. El enamoramiento de Herrera no fue veraniego. El ferrolano florece en la medular del primer equipo. Apunta a incorporación estable, sólida. Su carrera ha experimentado un salto. Firmó en 2009 por tres años con opción a otros dos en manos del club. Su ficha era suculenta para un filial; se queda corta para el primer equipo. Pero en Praza de España no se plantean a medio plazo mejorar sus condiciones. Cuatro años y una cláusula que excede los seis millones de euros blindan al jugador de apetencias externas. Álex López sobresale en mala hora para que su cuenta corriente lo note.