A. ÁLVAREZ - VIGO
David Rodarte habla un castellano algo atrancado, con acento mexicano. Le viene de familia. Su padre nació en Guadalajara; su madre, en Durango. Ambos se mudaron a Los Ángeles siendo adolescentes, como tantos, seducidos por el sueño americano. Allí se conocieron, se casaron y tuvieron un hijo para el que codiciaron un futuro brillante. Quizá lo imaginaron, quien sabe, apretando la mano del presidente en la Casa Blanca. David les cumple los esfuerzos. Este lunes departirá con Barack Obama.
El Aldasa Amfiv presentó ayer a su nueva incorporación. A Rodarte lo conocieron a través de Mike Frawley, organizador de campus de baloncesto adaptado y experto en el mercado. El club vigués necesitaba un punto bajo (lesión de movilidad mínima) para ganar maniobrabilidad en su quinteto. Los vídeos de Rodarte convencieron. El director deportivo, José Antonio Beiro, Chechu para el siglo, se aplicó en el cortejo. "Tenía propuestas de otros equipos", relata el estadounidense. "Me enviaban correos una vez al mes. Chechu, una vez a la semana".
A Rodarte le apetecía emprender la aventura europea. "Quería venir a España para competir con los mejores", proclama el alero, que ofrece "trabajo y rapidez", además de "experiencia y liderazgo". En el club, convencidos de su calidad, esperan exprimirlo al máximo antes de que equipos más poderosos lo tienten.
El jugador ha aprovechado estos primeros días para hacerse a la ciudad y al vestuario. Ayer participó en el primer entrenamiento de la pretemporada. El domingo regresa a casa para cumplir los compromisos que le quedaron pendientes, que incluyen esa visita a la Casa Blanca. Rodarte ha logrado esta temporada su segundo título universitario con Illinois, equipo al que se mudó hace tres años. El presidente recibirá a la plantilla como a todos los campeones nacionales, aunque con especial cariño por ser del estado en el que inició su carrera política.
Y será entonces cuando en cierto modo culmine aquello que los padres de Rodarte iniciaron el día en que cruzaron la frontera. La aventura que pareció torcerse hace diez años, en el accidente de tráfico que condenó a su hijo a una silla de ruedas, pero que a la postre concluye con final feliz. Superación, redención, voluntad, éxito. Una historia americana.