ÁLVARO FAES
Sonó la sirena en la fábrica de Maranello y todo volvió a la normalidad. Trabajo a contrarreloj, plazos imposibles y máxima presión. Dos semanas de parón obligado, cuestión de ahorro por acuerdo entre las escuderías, dan paso al sprint final de la temporada. Una oposición de siete preguntas, con muchos aspirantes a una única plaza. Bélgica e Italia cierran el tramo europeo antes de dar el salto a Singapur, Japón y Corea, y más tarde a Brasil y Abu Dabi.
La nave de la Gestione Sportiva, el alto horno de Ferrari en Italia, funciona de nuevo a ritmo de crucero. Fue el lunes cuando pudieron activar los ordenadores y desprecintar los equipos de trabajo. El parón era obligado y estricto, ni un alma en las fábricas durante dos semanas. Hasta las comunicaciones estaban bajo el control de la FIA. Los dos F10, el de Alonso y el de Massa, están a punto para viajar hacia Spa, configurados para la primera práctica libre. El primer Gran Premio tras el descanso está a la vuelta de la esquina.
Al Mundial le quedan siete finales y hay cinco aspirantes claros. Parece obligado descartar ya a Massa, muy lejos de los cinco candidatos, puras sangre de las cuadras de Red Bull, McLaren y Ferrari, las tres que marcan el ritmo esta temporada. Cada una de las siete etapas aparece como decisiva y con una consigna clara: prohibido cometer errores, se pagarán caros.
Mira por encima del hombro Webber, instalado en el liderato, un superviviente en la batalla interna de Red Bull. Le vienen bien a los de las alas unas cuantas pistas hasta el final, pero no la de este fin de semana, en Las Ardenas belgas. Aparecerán las carencias de su motor Renault en una pista de velocidad.
Aparece Ferrari pletórico. El doblete en Alemania (victoria de Alonso) y el segundo (Alonso) y cuarto (Massa) puestos de Hungría les han dado 73 puntos para el campeonato de constructores y ayudaron al asturiano a comprimir la clasificación. Sigue quinto pero sólo a veinte puntos del líder. El Mundial en un pañuelo y kilos de ilusión en la Scuderia porque dejaron tarea adelantada antes de las vacaciones.
El F10 se presenta al examen belga con un nuevo difusor, más amplio, retoques en las suspensiones y alguna que otra mejora en la caja de cambios, más estrecha y levantada en la parte trasera. Sus nuevos escapes bajos funcionan a la perfección y aparecerán con innovaciones en busca de mejorar el rendimiento aerodinámico. Es el fruto de la intensa semana de trabajo en Maranello tras la carrera de Hungría. Hasta Alonso retrasó el inicio del descanso para avanzar tareas.
El interrogante se pone ahora sobre los dos monoplazas de McLaren. En Woking presumen con razón de su capacidad para evolucionar. Pero vienen de un mar de dudas. Sus escapes bajos les dan problemas desde que se corrió en Silverstone. Terminaron por ceder el liderato. Su gran invento de la temporada, el conducto F, ese sistema que envía aire al alerón para restar resistencia en las rectas, les abandonará en Monza. Han decidido quitarlo porque el paquete aerodinámica para Italia es de escasa carga, lo que hace redundante su uso.
El camino que marca McLaren para Monza, el siguiente peldaño en el sprint después de Spa, será el que sigan las demás escuderías, en vista de que los ingleses llevan la iniciativa con el alerón. En Renault no lo tendrán hasta este fin de semana.
En manos de la justicia
Fuera de la pista el campeonato también está caliente. Colea el asunto de los órdenes de equipo de Ferrari en Alemana, cuando Massa recibió instrucciones para dejar pasar a Alonso. Fue lo que entendieron los comisarios, que solo tocaron el bolsillo de los italianos pero mandaron el caso al Consejo Mundial de la FIA, previsto para el 8 de septiembre, en las vísperas del Gran Premio de Italia. Los abogados de Maranello trabajan en la defensa del caso y valoran la posibilidad de acudir a la justicia ordinaria si llega un castigo mayor. Max Mosley, ex presidente de la FIA, resucitó estos días para sugerir que les retiren los puntos de Hockenheim.