MACARENA VIDAL - TORONTO (CANADÁ)
Acompañados de sus equipos de asesores, los dos líderes "estaban pegados a la pantalla", según declaró un portavoz del primer ministro, durante la segunda parte del encuentro, que se saldó con una victoria alemana por cuatro goles a uno.
Merkel, una canciller no conocida por su emotividad, no pudo evitar que la alegría le traicionara y alzar los brazos cuando Alemania metió el tercer gol, que sellaba el rumbo del partido.
Cameron, por su parte, se mostraba más circunspecto ante la marcha del encuentro desde que en la primera parte los árbitros no concedieron a Inglaterra un segundo gol, que hubiera empatado el partido, pese a que la pelota lanzada por Frank Lampard había traspasado con claridad la línea de meta.
Los líderes no eran los únicos en seguir muy de cerca los avatares de las selecciones alemana e inglesa.
Muchos otros funcionarios se aglomeraban frente a las pantallas de televisión que mostraban en directo el partido de octavos de final en el Mundial de Sudáfrica. Muchos de ellos no podían sofocar sus gritos de alegría o sufrimiento, según con qué escuadra se alinearan sus simpatías.
Y en el centro de prensa habilitado para la cumbre en el centro de Toronto buena parte de los periodistas aprovechaban el vacío informativo creado por la sesión de los líderes a puerta cerrada para seguir el encuentro en las pantallas gigantes instaladas.
Algunos aprovechaban también para servirse en el bar junto a las pantallas, estratégicamente colocado por la provincia de Ontario para promover sus excelencias turísticas y que sirve cerveza y vino gratis a los periodistas.
En cambio, las pantallas que mostraban lo que acontecía en la sesión plenaria no podían estar más solitarias.
Lass escenas se repitieron en las horas siguiente, cuando se enfrentaban Argentina y México -ambos países miembros del G20- en el segundo partido de octavos de final.
El fútbol ha sido uno de los protagonistas de las reuniones de líderes este fin de semana en Canadá, el G8 y el G20.
El presidente estadounidense, Barack Obama, también encontró tiempo el sábado entre reunión y reunión para ver pedazos del partido que enfrentaba a la selección de su país contra Ghana.
"Es paralizante", se le oyó comentar a su jefe de Gabinete, Rahm Emanuel, mientras veían el encuentro en una sala del Centro de Convenciones cuando comenzaba el tiempo extra.
Previamente, Obama había acordado con el presidente ghanés, Atta Mills, intercambiar camisetas de sus respectivas selecciones la próxima vez que se reunieran.
Y el presidente estadounidense también aprovechó una de sus reuniones bilaterales, con Cameron el sábado, para saldar una deuda futbolística con un par de cervezas.
Ambos se habían apostado al comienzo del Mundial una cerveza al triunfo de sus respectivas selecciones en el partido que les enfrentó durante la fase de grupos de la competición.
Como el encuentro se saldó con un empate, explicó Obama, decidieron que cada uno invitara al otro a una cerveza de su región de origen.
Pero pese a todo su entusiasmo futbolístico, el presidente estadounidense debía haber visto las señales de mal agüero para su selección el sábado: en la sesión plenaria del G8 se sentó entre el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, los dos equipos eliminados en la fase de grupos.