J. BERNARDO - VIGO
Sólo dos o tres de las once incorporaciones realizadas por Torrecilla han dado la talla. Basta un rápido vistazo a los números del Celta para percatarse de que la falta de gol ha sido un lastre insalvable para el grupo de Eusebio. Los datos son elocuentes, no admiten réplica: dos goles entre los cuatro delanteros contratados desde el pasado verano (Arthuro, Saulo, Cellerino y Papadopoulos). Tan raquítica cifra contrasta con los 32 goles obtenidos en la campaña precedente por Ghilas, David Rodríguez y Dinei, fichados por su predecesor, Ramón Martínez.
Porque el rendimiento de la delantera ha sido aterrador. A Arthuro se le despidió en enero por bajo rendimiento sin haberse estrenado en la Liga –marcó un gol en la Copa al Villarreal– mientras que Saulo abandonará el club con una sola diana, conseguida antes de desaparecer por completo de la vida competitiva del equipo. Arthuro dejó el Celta con 520 minutos sobre el campo repartidos en once partidos, seis de ellos como titular; Saulo ha jugado 948 en 18 y anotado un gol.
La extrema pobreza ofensiva del equipo llevó al Celta al mercado invernal sin que se apreciase mejora en los resultados. Llegaron Gastón Cellerino y Dimitrios Papadopoulos; el argentino, con evidente sobrepeso y modesta condición técnica, llegó a anotar una diana antes de desaparecer de las alineaciones; el griego, más combativo que habilidoso, acabó el curso sin estrenarse aunque proporcionó alguna asistencia y puso al menos fragor en la pelea.
Las lesiones también han ensombrecido la gestión de Miguel Torrecilla al frente de la dirección técnica celeste. Golpearon con fuerza a Sergio Ortega y a Aarón y, en menor medida, al defensa central David Catalá.
En el caso de Ortega el club no evaluó bien todos los datos, pues el zaguero cántabro fichó con un problema congénito en la rótula que el Celta conocía y que acabó llevando al jugador al quirófano después de varios meses de fracasado tratamiento conservador. El resultado fue que una de las apuestas sobre el papel más seguras para reforzar el centro de la defensa se pasó prácticamente la temporada en blanco. La buena noticia, tras la venta de Jordi, fue la irrupción del canterano Andrés Túñez, que se ha consolidado en la titularidad con una temporada sobresaliente.
Tampoco David Catalá, otra de las apuestas aparentemente seguras de Torrecilla, ha rendido al nivel esperado. El central catalán debía proporcionar seguridad y mitigar los problemas del equipo a la hora de dar salida a la pelota desde atrás pero no lo ha logrado más que ocasionalmente. Como en el caso de Ortega su estado físico ha sido en algunos momentos deficitario y ha tardado más de la cuenta en recuperarse de las lesiones. No siempre ha sido titular.
Peor fortuna ha tenido Aarón Ñíguez. El joven internacional del Valencia dejó muy buenas sensaciones en algunos partidos pero estuvo más de seis meses fuera de juego por una grave lesión de rodilla, con lo que su aportación al rendimiento del equipo ha sido prácticamente irrelevante. Tampoco el brasileño Pedro Botelho, prestado por el Arsenal, ha cumplido con las expectativas generadas con su contratación.
Los aciertos de Torrecilla se circunscriben prácticamente al medio campo, donde Aritz López Garai se ha mostrado como una pieza imprescindible. No ha desentonado tampoco Cristian Bustos, al que Torrecilla se trajo del Salamanca, ni Vasco, al que el club no renovará pese a haber cumplido.