La brillante participación del Celta en la Copa de Rey ha permitido finalmente al conjunto de Eusebio Sacristán mejorar los números de las dos temporadas anteriores.La mejoría es palpable con respecto al pasado curso,que el conjunto vigués concluyó en decimoséptimo lugar, con 48 puntos,después de jugarse la temporada a una carta en Balaídos frente al Alavés. Dos tantos de Iago Aspas rescataron al equipo,que vivió un fin de temporada más o menos tranquilo después de haber cortejado el descenso de categoría durante bastantes jornadas. Hace dos temporadas,en el año de los cuatro entrenadores, el equipo se salvó a falta de cinco jornadas con una goleada al Cádiz.Entonces,con un equipo teóricamente construido para ascender, los celestes sumaron 52 puntos,los mismos que ahora, aunque concluyeron la Liga en decimosexta posición. La presente temporada los célticos han estado cerca de las posiciones de descenso durante buena parte de la competición. Sin embargo, al contrario que en ejercicios precedentes,el Celta ha ido de menos a más, como era de esperar en un conjunto tan joven y con tanta gente de la casa como el celeste. Uno de los aspectos más positivos del curso que acaba de echar el telón es la creciente importancia que los jugadores de la cantera han cobrado en la vida competitiva del equipo. Hasta media docena de futbolistas de la casa ha tenido a menudo presencia en las alineaciones del equipo,que ha tenido un sabor gallego desconocido desde hace décadas.La apuesta por la cantera ha respondido a una nueva filosofía del club,pero también a la gallardía de un técnico,Eusebio Sacristán,al que no le ha dolido en prendas apostar por el talento sin tener en cuenta la edad o el carné de identidad. En suma,otra temporada decepcionante aunque sazonada en esta ocasión con alguna que otra alegría que han impedido a la afición caer en un estado de depresión permanente.