ARMANDO ÁLVAREZ - VIGO
La Liga Asobal es de siempre un universo clasista, de compartimentos estancos. El lumpen descarta de sus planes los partidos contra sus rivales más poderosos. Se disputan por trámite, decididos de antemano a causa de las brutales diferencias de potencial. Cualquier sorpresa es un milagro. Y era lo que le parecía al Pilotes Posada en las visitas a Vigo del Ademar de León. Esta vez, sin embargo, el club académico afronta la cita con mayor énfasis. Le obliga su ubicación en la penúltima plaza; le anima el deterioro que ha experimentado la escuadra leonesa, ya no tan fiera.
Según las cuentas del presidente del Pilotes, Javier Rodríguez, "hay que dar un pelotazo" para salvarse. El dirigente cifra la permanencia en 19 puntos. Su capitán, Cerillo, lo rebaja a 18. Faltan siete jornadas. Dos victorias y un empate, ese es el plan de mínimos. "Será muy difícil puntuar ante Ademar, Reyno de Navarra, Barcelona y Valladolid", asume Cerillo, "aunque podemos dar alguna sorpresa si corregimos los errores que cometemos en las segundas partes".
Más que un deseo, se antoja una obligación. Arrate y Torrevieja son los rivales directos en la batalla de la permanencia y a la vez se cruzan en el camino vigués. Cualquier hipótesis incluye el triunfo en esos duelos. Falta un punto, ese aliento de vida que habrá de arañarse en cualquier esquina. Podría ser en la cancha del Naturhouse en la última jornada. O ante alguno de esos cuatro grandes antes mencionados, los cortesanos del Ciudad Real en la Liga. El Ademar es la cebra enferma de tal manada.
El club leonés fue durante muchos años un clara alternativa de poder. Era cuando Manolo Cadenas ejercía de pequeño dictador. Fue su balonmano febril el que terminó con el monopolio del Barça de Rivera. Su conquista del título de Liga en la temporada 2000-2001 preludió al dominio del Portland y la posterior eclosión del Ciudad Real.
Otros tiempos, mejores que los actuales. La línea es descendente. El cuerpo técnico el pasado verano asistió a la marcha de dos piezas cruciales, Sarmiento y Aguinagalde. Expoliado por Barça y Ciudad Real, el conjunto que ahora prepara Jordi Ribera ha descendido en el escalafón. Lo superan el emergente CAI y hasta el Valladolid ha efectuado su particular vuelco, el más doloroso por la rivalidad entre leoneses y castellanos.
Sigue siendo, por supuesto, un adversario temible, capaz de plantar cara al Barça en la final de la Copa del Rey. O con un arsenal suficiente como para permitirse el lujo de emplear como especialista defensivo a Nicola Prce, gran goleador en el Octavio, de donde emigró a cambio del doble del sueldo. Ni a él ni al club olívico les ha ido bien tras el amistoso divorcio.
Ese capítulo está cerrado. Quique Domínguez dispone del material que tiene, esa plantilla capaz de empatar una primera mitad en Antequera y perder después de nueve. El técnico lo ha encajado con filosofía y ha concedido dos jornadas de descanso a sus hombres. Tras visionar el choque, responsabiliza en gran medida al arbitraje. Y tampoco es momento de broncas, sino de congregar fuerzas. Hay quien desliza en el club: "Este domingo quizá sepamos ya quién desciende". No será el Pilotes si logra la hombrada. Pero sí si fallan y Arrate y Torrevieja puntuan ante Antequera y Cuencia, a quienes respectivamente reciben. Para no depender de ellos, habrá que cazar al León.