RICARDO MOLINELLI - MADRID
El Real Madrid perdió ante el Bizkaia Bilbao por tratar de jugar pensando en el futuro y olvidándose del presente, dejando crecer al equipo vasco por su poca actitud en la pista salvo en los minutos finales, cuando ya era demasiado tarde.
El Real Madrid comenzó frío el partido. Sin tensión, sin fuerza y sin acierto en ataque. Pareció más centrado en adquirir automatismos para la Copa: defensa en zona tras un ataque fallido, o presión después de triple o tiros libres. El Bizkaia Bilbao no era, a priori, un rival demasiado peligroso y sí un "sparring" adecuado para hacer pruebas.
El Madrid se fue al descanso con cuatro puntos de ventaja y con un Nole Velickovic, que salió de titular, jugó tres minutos y medio y pasó al banquillo, castigado, por Ettore Messina.
La vuelta de Felipe Reyes al equipo volvió a darle el poso en la zona, tanto en defensa como en ataque, que el juego colectivo madridista necesita.
Un error aquí, una probatura allá, un par de decisiones arbitrales muy protestadas en Vistalegre y el Bilbao se metió en el partido (56-57, minuto 26). El equipo vasco se creció con el marcador y alcanzó siete puntos de renta (56-63 en el minuto 28), cuando Messina ya había tocado a rebato entre su plantilla, viendo que se le complicaba el partido. Al final del tercer cuarto eran nueve los puntos de desventaja local, 58-67, tras un parcial de 13-26.
Hervelle (16 puntos) y, al final, Mumbrú (9 puntos) demostraron que no hay mejor cuña que la de la misma madera.
La ventaja de los vascos llegó a los quince puntos a falta de siete minutos y medio para el final, del encuentro 60-75, ante la desesperación de un Messina que veía como el equipo se descomponía por momentos.
Jugando a la desesperada y de la mano de un ´enchufado´ Llull, el equipo local recortó hasta los cinco puntos, 77-82, a falta de poco más de dos minutos y medio, pero ya era demasiado tarde. El Madrid se había olvidado de que tenía que ganar.