XABIER COLMEIRO - VIGO
Las victorias no siempre cultivan el prestigio de un equipo, pero son un estímulo esencial para su crecimiento. El Ourense necesita tanta confianza en sí mismo como puntos y en Negreira sumó tres que le devuelven oficiosamente a los puestos de promoción porque ha jugado un partido menos que el cuarto. Cuando se hayan descargado de la presión por recuperar el tiempo perdido los rojillos deberán exigirse más fútbol.
El entrenador es el primero en declararse preocupado por la anemia que empobrece la propuesta que se despliega sobre el campo. El juego no seduce, con el atenuante de que el invierno ha dejado intransitable la mayoría de los campos de Galicia, pero a Fonsi le han pedido resultados y en los cuatro partidos que ha planificado siempre esquivó la derrota.
Los cálculos que abren las puertas de la promoción no contemplan la resta. Se intuyen muestras de flaqueza en el Coruxo y también en el Cerceda, pero el Ourense agotó su margen de error hace tiempo y, además de favores del enemigo, necesita sumar de tres en tres para avanzar. En Negreira golpeó tras madurar al adversario y resistir el asedio aéreo. Las urgencias también paralizan al rival y, cuando bajan la guardia, los rojillos siempre exhiben el elemento resolutivo.
El premio a la resistencia llegó con el primer tiempo consumido. El único mérito de los ourensanos hasta entonces había sido la paciencia y la tenacidad con que se emplearon para mantener la portería intacta. El Ourense apareció en Negreira desmembrado, vacío de intensidad y de ideas. Como estaba previsto, los rojillos se pasaron una amplia fase de la primera parte protegiendo su portería de las estrategias. El riguroso criterio arbitral contribuyó a elevar desesperantemente el cupo de envíos al área. Fue una tarde de silbato desaforado.
El balón colgado fue el único recurso esgrimido por el Negreira para incomodar a Berto, portero ourensano.