JUAN CARLOS ÁLVAREZ
Croke Park era en 1920 un pequeño estadio situado en el centro de Dublín con gradas de madera y altos muros que servían para sortear la mirada de quienes no querían pasar por taquilla. La gestión de este recinto dependía de la Asociación de Deportes Gaélicos (GAA) que velaba por la conservación y difusión de los deportes tradicionales: el fútbol gaélico y el hurling. Esta asociación se convirtió en un símbolo del nacionalismo irlandés pese a que en su origen en 1884 trató de alejarse de cualquier connotación política. Pero en aquel tormentoso comienzo de siglo XX fue imposible. Con la guerra de independencia y la posterior guerra civil como telón de fondo resultaba imposible no implicarse y mucho más para un organismo que se dedicaba a promover actividades deportivas que sólo se celebraban en Irlanda. Con el paso de los años su compromiso con la causa nacionalista era máximo y más cuando la GAA impuso una serie de restricciones para sus miembros: no podrían pertenecer a la asociación policías, militares o pensionistas del ejército británico y sus integrantes tampoco podrían participar en competiciones de deportes considerados "extranjeros", es decir de origen británico, como el rugby y el fútbol. El deporte pasaba a ser un elemento más en la lucha contra los británicos, faceta en la que el hurling sería esencial. De hecho, el "hurley" el palo con el que se golpea la bola se transformó en un símbolo para los irlandeses que no dudaban a la hora de mostrarlo en público como reivindicación nacional y amenaza para el invasor inglés. Cuando a los irlandeses se les prohibió llevar armas en lugares públicos, el "hurley" ocupó el lugar de los rifles y en los funerales se mostraban cubiertos en señal de luto.
El 21 de noviembre de 1920 Michael Collins envió a sus hombres a matar dieciocho miembros del servicio secreto británico, lo que supuso un golpe brutal para su infraestructura en Dublín. Esa misma tarde se jugaba en Croke Park un partido de fútbol gaélico entre los equipos de Dublín y Tipperary. Se aguardaba una contundente respuesta británica, pero nadie esperaba lo que sucedió en el estadio. Los "Black and Tans" saltaron los muros del recinto y ametrallaron a los aficionados reunidos para ver el partido. Fallecieron catorce personas, entre ellas Michael Hogan jugador de Tipperary y que años después daría nombre a una de las tribunas del estadio. Cuentan que los británicos se jugaron a cara o cruz si la venganza, el ataque por sorpresa a civiles, se haría en Croke Park o en O´Connell, la calle más transitada de la ciudad. Sea como sea, el primer "Bloody Sunday" tuvo un recinto deportivo como escenario lo que lo transformó en un templo para el nacionalismo. La GAA (Asociación de Deportes Gaélicos) juró que nunca un inglés volvería a pisar Croke Park y que el estadio jamás sería profanado por un deporte "extranjero".
Así fue. Durante décadas el dinero de la asociación fue convirtiendo el estadio en el más grande de Irlanda con casi 80.000 espectadores. Allí, en septiembre, se juegan los grandes partidos de deportes tradicionales. Se alquila para conciertos y otros festejos, pero ni rastro de fútbol o de rugby. Incluso en 2002 la GAA rechazó que formara parte de la candidatura de Irlanda y Escocia para albergar la Eurocopa de fútbol, pese a que en 1971 se había abolido la regla que prohibía la disputa de otra clase de deportes. Pero sus miembros, los que deben votar, mantenían viva la promesa de quienes en 1920 juraron que allí no se jugará a otro deporte que no tuviese raíces celtas.
El problema llegó en 2006 cuando Lansdowne Road, el histórico templo del rugby irlandés, afrontó una reforma integral. La selección de rugby se quedaba sin lugar para disputar el Seis Naciones en un momento, además, en que su equipo aspiraba a grandes conquistas. Necesitaba un recinto de grandes dimensiones. Dublín sólo ofrecía la posibilidad de acudir a Croke Park. La Irish Rugby Union pidió permiso a la GAA e incluso el Gobierno presionó. Sus miembros se reunieron y por un escaso margen de votos se aceptó que el rugby entrase en el escenario sagrado del deporte gaélico. El destino quiso que el primer partido que se jugase fuese el Irlanda-Inglaterra. El "God save the queen" retumbaría en un lugar cargado de significado en la relación entre ingleses e irlandeses. La GAA recibió muchas protestas, hubo familiares de ex jugadores de deportes tradicionales que retiraron los recuerdos que guardaban en el museo que existe en el estadio. Pero la decisión estaba tomada. El 24 de febrero de 2007 ambos equipos formaron ante la Tribuna Michael Hogan y en medio de un silencio y un respeto conmovedor sonó el himno inglés. Los irlandeses aplaudieron y a continuación cantaron hinchados por la emoción la "Canción del Soldado" y la "Llamada de Irlanda" los dos himnos que representan a su rugby. Fue un ejempo maravilloso. Croke Park acaba de pasar página a su historia más negra.