DIEGO DOVAL - VILAGARCÍA
Que Phil Jackson no es un entrenador al uso es una afirmación que no sólo se fundamenta en los seis anillos que ha logrado en sus etapas en Chicago y Los Angeles. Su gestión de los grupos que ha tenido bajo sus órdenes ha sido una de las claves de sus éxitos. Tex Winter y su famoso triángulo ofensivo es otro de los importantes pilares sobre el que se ha cimentado tanto volumen de victorias.
Entre tanto anillo conseguido, un total de diez, el técnico de Montana ha tenido tiempo para plasmar su pasión por las letras en forma de cuatro libros escritos: Maverick (1975), Canastas Sagradas (1995), Más que un juego (2001) y La última temporada: Un equipo en busca de su alma (2004).
En más de una ocasión Jackson ha afirmado que la literatura es una parte importante del entrenamiento y de los resultados que se obtienen en la cancha. Así, el entrenador más laureado no cesa en su búsqueda de obras con las que sus jugadores se puedan ver identificados, aprender algo sobre su rol en el equipo y, con ello, mejorar su rendimiento. Una filosofía que le ayudó a hacer entrar en vereda en su día al indomable Rodman, logro que ahora está consiguiendo otra vez con el inestable Ron Artest.
Recuerda el periodista Javier Dale en La Vanguardia una anécdota surgida cuando en 2000 Shaquille O´Neal recibió el premio al mejor jugador de la competición. En aquel momento afirmó el pívot que "quiero ser conocido como el Gran Aristóteles. Fue él quien dijo que la excelencia es un hábito y no un momento". Aquellas palabras de Shaq dejaron a la prensa atónita y preguntándose si eso lo había dicho la misma persona que años atrás le preguntaron por el Partenón en una visita a Grecia, a lo que contestó que no tenía nada que decir porque no había tenido tiempo de ir a ningún restaurante. La diferencia estaba en que Phil Jackson se había convertido en su entrenador y le había obligado al pívot leer la obra Etica a Nicómaco.
Los deberes de 2010 para sus actuales jugadores reafirman su condición de lector empedernido. Así, Ron Artest tendrá que leer su Canastas Sagradas para ayudarle a encontrar su equilibrio interior. Adam Morrison, quien se ha declarado marxista, se sentará a explorar una biografía del Che, mientras que Shannon Brown, jugador que se ha labrado su camino a base de esfuerzo, tiene asignado Los sueños de mi padre, autobiografía de Barack Obama.
Kobe Bryant tampoco se libra de los deberes por muy líder sobre la cancha que sea. Jackson le ha asignado el libro Montana 1948, un libro que centra buena parte de su argumento en valores tales como la lealtad y la justicia, aspectos muy apreciables en todo líder.
También Pau Gasol tendrá que aplicarse en la lectura. Su encomenda es la obra póstuma del chileno Roberto Bolaño titulada 2666. El catalán tan acostumbrado a escuchar una y otra vez que ha hecho historia tendrá que meditar sobre las frases de Bolaño, alguna de ellas referida a la historia, de la que opina que "no tiene momentos determinantes sino que es una proliferación de instantes". ¿Un segundo anillo tal vez?.