JAVIER VILLANUEVA - VIENA
La selección francesa entró en la historia al convertirse en el primer equipo que encadena los títulos olímpico, mundial y continental, tras imponerse a Croacia (21-25) en la final del Campeonato de Europa de Austria, en un choque en el que el conjunto galo demostró ser el mejor de todos los tiempos.
En una final que parecía destinada a convertirse en un duelo entre el francés Nikola Karabatic y el croata Domagoj Duvnjak, todo el protagonismo recayó, al menos de inicio, en los guardametas Thierry Omeyer y Mirko Alilovic. El portero del Ademar de León se agigantó en cada ataque francés hasta convertirse en un muro casi insalvable para el conjunto galo, que echó de menos los tantos de un Karabatic que cerró los primeros veinticinco minutos de juego con un gol.
Pobre estadística que calcó la estrella croata, el central del Hamburgo Domagoj Duvnjak, que en nada se pareció al jugador que destrozó en la segunda parte las ilusiones de los polacos de meterse en la gran final.
Una anómala circunstancia que obligó a centrar los focos en habituales secundarios como el extremo Michael Guigou o al también exterior Vedran Zrnic, que sustituyó apenas iniciado el choque a un desacertado Ivan Cupic. La estrella francesa despertó de su letargo con dos impresionantes goles, que permitieron al conjunto galo salvar antes del receso (12-12) una desventaja que empezaba a tornarse peligrosa para los de Claude Onesta. Una resurrección que sirvió como detonante para el equipo francés, que en la segunda parte demostró que no es sólo el mejor equipo del mundo, sino posiblemente el mejor conjunto de la historia.
Francia culminó su camino hacia el olimpo del balonmano con un triunfo que no sólo le permitió alzarse por segunda vez en su historia con el trono europeo, sino, lo más importante, entrar en la leyenda al ser el primer equipo que encadena los títulos olímpico, mundial y continental.