A.A. - VIGO
Partido desbocado, roto, intenso, demasiado febril para los intereses célticos. En el corazón estuvo la perdición de los locales. Y su heroicidad sin premio, que los aficionados supieron agradecer.
Un grande a la espera
El Atlético lleva el contragolpe inscrito en sus genes y antes o después aparece esa tendencia natural. Si además el equipo carece de un organizador, y tampoco Tiago lo es, lo natural es lo que decide Sánchez Flores: que la escuadra poderosa salga a alimentarse del error del modesto. El Atlético fue la rémora que se pega al vientre del Celta, esperando con ansia sus despojos. Es miserable pero lógico.
Exceso de motivación
El Celta arriesgó en exceso. Salió como si estuviese por debajo en la eliminatoria. La chavalada de Eusebio jamás había jugado en un Balaídos lleno. Se dejaron contagiar por la pasión. Pusieron intensidad donde debían poner pausa.
La portería no existe
Las virtudes de un equipo anticipan sus defectos. La superioridad en la medular del Celta se convierte en pobreza rematadora. El Atlético, en ese sentido, convivió bien con los locales merodeando su área. Sólo Michu, en emboscada, era difícil de marcar. Iago Aspas busca siempre un pase más.
El error más doloroso
Se sabía que el fallo podía llegar. No se esperaba que le correspondiese a Noguerol. El capitán eligió bien hasta ese instante en que Forlán castigó como su caché indica el primer desliz. Duele por el ourensano, un profesional extraordinario, alma del equipo dentro y fuera de la cancha. Fútbol cruel.
El orden natural
El Celta no merece castigo en la crítica. La inmadurez se le notó especialmente en la segunda mitad. Disputó cada segundo como si fuese el último, ofreciéndole la yugular al Atlético y olvidándose de su estilo en algunas fases. Pero es en estas circunstancias, con el viento en contra, cuando se nota más la diferencia de calidad. El Celta apretó hasta que tuvo fuerzas, incluso más allá, y se ha ganado la admiración de los suyos. Late, es cierto, la sensación de que el destino de la historia pudo haberse escrito en el Calderón. Otro “y si” para la historia celeste.