A. ÁLVAREZ/J. CONDE - VIGO
La Galicia céltica vibra. Se devora las uñas de puro nerviosismo. Contempla el reloj con impaciencia. Debate sobre alineaciones. Elabora pronósticos. Se congrega febril ante el estadio. Y lo hace con la mirada brillante, del que sueña y espera. Un ambiente que no se palpaba desde hace años, cuando se merodeaba la gloria en Europa. Balaídos recupera del arcón su traje de fiesta.
Las taquillas de Balaídos han abierto al fin. La oficina de abonados había bordeado el colapso en los dos primeros días de venta. Las colas fueron constantes de la mañana al anochecer, cuando se cerraron las ventanillas. 5.500 entradas se vendieron ayer. En total, 13.100 boletos. La tradición marca que muchos dejen la tarea para el último instante. En los foros, los abonados prometen su asistencia, incluso aquellos que la escatiman en Liga. Las previsiones han ido rompiendo su techo conforme avanzaban las horas. De los 20.000 espectadores que pretendía el club inicialmente, y eso el sector optimista, se ha pasado a que 25.000 ya no satisfagan.
La plantilla es consciente de la expectación que la posibilidad de una nueva gesta copera ha despertado. Los chavales de Eusebio, que como profesionales sólo han conocido el sufrimiento y la escasez, paladean con fruición el ambiente que conocieron como niños cuando eran Mostovoi y compañía los que actuaban. "Nosotros fuimos los que desmotivamos a la afición en su momento y ahora creo que los estamos motivando. Ellos van a responder y eso nos hace mucha falta a nosotros, porque son los que nos van a dar el último impulso", comenta Yoel. Iago Aspas añade: "Es un partido no sólo importante para nosotros sino un premio para la afición después de estos últimos años de sinsabores".
Aspas tiene autoridad para decirlo. Es el último héroe céltico pero de la vertiente agónica, que es la exclusiva en esta época. Porque el celtismo también respondió al toque de corneta en el dramático encuentro contra el Alavés de la pasada temporada. El moañés apareció como salvador con sus dos goles, libró al club de la desaparición y es en gran medida, por lo hecho entonces y lo que sigue haciendo sobre el campo, uno de los principales responsables de que hoy estén unas semifinales coperas en juego.
"No nos conformamos con el cero a cero. Nunca hemos optado a ese resultado ni en Liga ni en otras eliminatorias que llevábamos ventaja, como en Tenerife, y se ha demostrado que hemos dado la cara y esperemos que en este caso también", prosigue Aspas. "Ahora mismo los favoritos son ellos, pero nosotros siempre jugamos con ilusión y con ganas. No tenemos nada que perder".
Así es en cualquier lectura racional. Aunque nadie librará de la tristeza al que pierda, incluso en el caso olívico. Es una sensación de la que Atlético y Celta hacen bandera. Está inscrita en sus genes. Además, ambas escuadras llegan batiendo registros negativos en Liga. Los colchoneros presumen de "pupas", pero sus sollozos no admiten comparación con los célticos.
La leyenda negra del Atlético empezó a fraguarse en la final de la Copera de Europa perdida con el Bayern en el último instante. La intervención judicial y sobre todo el descenso a Segunda ahondaron en su ´malditismo´, que expertos en marketing convirtieron hábilmente en un valor añadido. "¿Papá, por qué somos del Atleti?", rezaba el anuncio.
Hay más razones para que esa pregunta se la haga un celtista. El largo penar empieza en la protohistoria, con la injusta exclusión del equipo de la Primera División original. Las últimas décadas han estado trufadas de disgustos. Hechos luctuosos como el asesinato de Quinocho o el accidente de Alvelo, torturas de despacho como el descenso de los avales y el "caso Toni Moral", el absurdo de los dos últimos descensos estando el equipo en Europa, el proceso concursal... El celtismo ha resistido a esos embates, aunque fuese enflaqueciendo en su presencia en Balaídos, y hoy vuelve a levantar cabeza. La nueva generación crece en la penuria, pero sin complejos. "Saliendo de tú a tú como hicimos allá, yo creo que la eliminatoria va a ser para nosotros", pronostica Yoel. El futuro le corresponde.