CÉSAR COLLARTE - O MORRAZO
Lejos de los focos y el glamour de la Liga de las Estrellas y de los jugadores famosos hay otro fútbol, en el que la afición de los deportistas, como la fe, mueve montañas, y en el que presupuestos y medios adquieren una dimensión tan ridícula como meritoria. En ese mundo el involuntario protagonismo se lo llevó el domingo una joven de tan sólo 20 años de edad, Nerea Acuña, que sufrió un desvanecimiento que dejó a casi todos los presentes con el alma en vilo.
A casi todos, porque según afirma el entrenador del conjunto cruceirista, Manuel Malvido, “Peroné”, la actuación del colegiado del encuentro, Ramón Arís, dejó bastante que desear. “Como estábamos expulsados el delegado y yo le pedimos entrar en el campo para atenderla, pero nos lo negó y tampoco se preocupó por saber cómo estaba”, denuncia. Con el evidente susto, los padres de la futbolista accedieron al terreno de juego mientras el colegiado pedía a uno de ellos que abandonase el campo, siempre según la versión del club.
Sin esperar la llegada de la ambulancia fueron los propios progenitores de la joven los que la trasladaron a un hospital de Pontevedra. Allí se le practicaron diferentes pruebas a Nerea Acuña para detectar un posible problema cardíaco y se la envió a casa, a la espera de continuar realizándole más exámenes médicos hasta saber con exactitud la causa de su desvanecimiento.
La joven vivió con lógico temor el episodio, que recordaba de este modo. “No llevé ningún golpe, pero empecé a sentir un fuerte dolor en el pecho, me apoyé en el suelo y después ya no me acuerdo de demasiadas cosas”, admite. “Estaba asustada porque no era capaz de respirar, me dolía y no podía hacer demasiado”, señala. Sí recuerda a “mis compañeras y a las jugadoras del equipo contrario atendiéndome, y a mi madre allí”.
Con una madurez impropia a su edad, la futbolista buenense se lamenta de los escasos medios existentes para poder atender un caso como el suyo en un terreno de juego. “Yo sé que realmente no se puede hacer demasiado, pero al menos debería haber algo en estos campos, porque si hubiese sido un infarto no se podría hacer nada”, subraya. “Al menos habría que tener una ambulancia en cada campo. En Salcedo no había nada”, añade. Si ocurren desgracias como la de Antonio Puerta en un estadio como el Sánchez Pizjuán qué no podrá pasar en campos más humildes. La necesidad de contar con desfibriladores en los campos o de coordinar algún tipo de operativo para atender posibles casos como el de la buenense vuelve a estar en el debate.
Reposo
Ahora se le ha ordenado reposo hasta que pueda completar las pruebas, por lo que ya es difícil que pueda volver a jugar en la Liga, a la que restan cinco encuentros. “Tengo que esperar. A ver si no es nada”, dice. No quiere seguir los pasos de De la Red o Sergio Sánchez, jugadores profesionales prematuramente retirados de las canchas. Ella lleva sólo dos años jugando pero asegura que “es un deporte que me gusta mucho y sería un fastidio si me dicen que no puedo volver a jugar”.
El club denunciará la actitud del árbitro
El Cruceiro presentará una queja por la actitud mostrada por el colegiado del encuentro, Ramón Arís, ante la Federación Gallega de Fútbol. En el seno del club cangués ha molestado enormemente que el árbitro ignorase el estado de Nerea Acuña en el momento en el que se desplomó. Se le achaca que no quisiese dejar entrar a los técnicos a atender a la joven y que su intención fuese la de continuar el partido a pesar de la gravedad de lo que estaba sucediendo.
Manuel Malvido recuerda que ya antes había mostrado una predisposición negativa hacia las suyas. “Antes de empezar revisó a las jugadores y pidió que se quitasen algunas gomas del pelo y camisetas interiores. Pero cuando llevábamos jugados cinco minutos mandó salir a cuatro futbolistas porque llevaban medias de licra y no eran del mismo color que la equipación”, señala. Y añade que “estuvimos jugando seis minutos con siete mientras tapábamos a las otras cuatro en el banquillo para que se cambiasen”.
Tras el episodio de Nerea pidió presencia policial para salir al campo de nuevo –acudieron al lugar una docena de efectivos– y reanudar el partido. El Cruceiro se negó a disputarlo, algo que el trencilla incluyó en el acta.