XABIER COLMEIRO - OURENSE
Medalla por méritos en combate y un punto. Es el premio de consolación que arrancó ayer de Ourense un Rápido de Bouzas que acarició la victoria hasta el minuto 87. En la orilla, cuando jugaba en inferioridad numérica por la expulsión gratuita de David Suárez, su defensa Chichí zancadilleó a Seoane en el área y el árbitro se cobró la pena máxima. En el duelo de porteros, Berto superó en sangre fría a Gael en la única genuflexión que hizo el Rápido ante la delantera más afilada de Tercera.
El primer tiempo se desarrolló como una trama de horrores para los ourensanos. El Rápido tomó la delantera entre las lagunas de siempre en las vigilancias de las acciones a balón parado de un Ourense al que le faltó respuesta para destejer la telaraña que le privó de la posesión y del acceso al área boucense. El partido tuvo más espinas. Dos lances fortuitos se cobraron las lesiones del central Portela y del delantero Adrián Quintairos. El Rápido no se conformó con desbaratar los planes de una tarde plácida en O Couto. Cuando consiguió desactivar al Ourense enseñó los dientes, muy desarrollados por la necesidad de puntos para abandonar el sótano. Amagó en dos balones colgados y en el tercero Jaco estuvo más listo que sus vigilantes y empujó a la red una pelota procedente de un libre directo que Carlitos dirigió a la cruceta.
Se había crecido tanto el equipo vigués que en el primer desliz concedió un contragolpe conducido por Sanginés y percutido por Martín que acabó estrellado en Gael. Tras la sucesión de golpes, al Ourense sólo le concedieron dos aproximaciones sin fruto.
El Rápido fue el primero en avisar al regreso del descanso, pero de inmediato tuvo que protegerse de un chaparrón de pólvora. El arranque explosivo del Ourense se encontró con los postes, con Gael y con una muralla de piernas y cuerpos. David Suárez sacó el manual de autodestrucción con una protesta destemplada al asistente. Cuando más fría debería tener la cabeza, el equipo vigués se embadurnó en protestas.
Con el Ourense desgastado y sometido al peso del reloj llegó la incursión racial de Seoane por la izquierda. Chichí cortó su progresión por el área y el portero Berto transformó su tercer penalti. Una pena máxima.