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La vida sin Bavetta

El árbitro más famoso de la historia se retirará al final de la temporada con más de 2.500 partidos a sus espaldas

 
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ARMANDO ÁLVAREZ / VIGO Dick Bavetta se retira. El árbitro más popular de la NBA colgará el silbato a la conclusión de esta campaña, cumplidos los 70 años y con 35 temporadas de oficio en la liga. Sus registros serán difícilmente batibles en el futuro. Ha dirigido más de 2.500 partidos. Por encima de los números quedará su peculiar figura y ese carácter vivaracho y eléctrico, que le granjea adhesiones y enemistades por igual. Bavetta es irrepetible. Su dorsal 27, como sucede con las leyendas, merece ser retirado.
Lejos queda aquel 1975 en que debutó en la NBA. Nacido en Brooklyn, buen estudiante de Económicas, ejercía como agente de Bolsa cuando su hermano Joe lo introdujo en el mundo del arbitraje, primero en la ABA y después en el torneo antecesor de la CBA. Se mudó a la liga grande, al menos la que ha sobrevivido a los otros experimentos, para cubrir la retirada de Mendy Rudolph.
Y desde entonces, tres décadas de trabajo continuo y en los grandes escenarios, presente en más de veinte finales. El prodigio de Bavetta no reside sólo en su longevidad, sino en su tremenda resistencia física. Jamás ha estado de baja, ni un solo día, ni siquiera ahora que el cuerpo podría chirriarle. El neoyorquino considera que su secreto es enfundarse cinco pares de calcetines. Diez kilómetros de carrera al día endurecen sus magras carnes. Su aspecto ascético también se refleja en su resistencia al dolor. Cuando Jalem Rose le reventó la nariz con un puñetazo que iba dirigido a Patrick Ewing, apretó los dientes y siguió dirigiendo el choque.
Su amor por el trabajo no admite dudas. Lo entiende como un sacerdocio desde que se soñaba vestido de gris en el Madison. Por el arbitraje se divorció de su mujer, Frances. Rompieron de forma civilizada. Ambos entendieron que la pasión de Dick le condenaba a una vida de trotamundos que acabaría pudriendo su matrimonio. Sus hijas Christine y Michelle han construido el hogar al que regresar de cada viaje.
Bavetta admite de buen grado todos estos sacrificios, que pocos son capaces de comprender. "Hay veces que le he dicho a la gente que estoy muy orgulloso de ser un árbitro de la NBA y me han mirado y se han reído de mí", ha declarado. "Es como tratar de convencer a alguien que estás felizmente casado. ¿Cómo? ¿Estás loco?".
Su dedicación se ha visto retribuida a todos los niveles. Él, que jugó de joven, ha conocido a flor de piel a los mejores jugadores de la historia como Larry Bird y Julius Erwing, a quienes por cierto expulsó por agarrarse del cuello. "Creo que es la única vez que les ha sucedido. Aquello me reportó el respeto de la liga", se ufana en las entrevistas de recapitulación. Asistió al partido en que Michael Jordan anotó 63 puntos, aunque la mayor exhibición que recuerda fue la de Pete Maravich con 68. Hitos que ahora refresca en su memoria porque "dentro de la cancha no te das cuenta".
La popularidad de Bavetta se asienta en las mil anécdotas de su carácter entrañable, entre refunfuños y sonrisas. Abroncó a Jack Nicholson por abandonar el Staples antes de tiempo; cuando Tim Duncan quiso apostarle dinero a que se había equivocado al señalar una fuera, prefirió jugarse una hamburguesa. En el siguiente partido que coincidió con los Spurs, tras haber comprobado su error, le compró al ala-pívot un menú en el McDonald´s y se lo envío con una nota: "Tim, tenías razón. Disfruta de la hamburguesa"; Barkley, que tanto le protestó, acabó besándole la boca tras ganarle una corta carrera benéfica en un All Star.
Pero incluso Bavetta tiene su lado oscuro. Teatral en su estilo de gesticulación, es el árbitro políticamente correcto que la NBA envía a los encuentros complicados. Cuando una serie se ensucia, aparece Bavetta. Dicen que también para forzar el resultado que al comisionado David Stern le conviene. Tim Donaghy, el ex árbitro que ha acusado al colectivo de manipular resultados ya por capricho o por intereses económicos, lo ha mencionado o insinuado su nombre en sus escandalosas revelaciones. Pero en esto pincha en hueso. Bavetta, incluso para quienes lo han sufrido, es intocable y merece sin duda un sitio en el Hall of Fame.

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