MARCOS QUINTAS - PONTEVEDRA
De poco sirven las etiquetas en el fútbol. El Pontevedra, siempre luciendo la de supuesto favorito al ascenso, se vio superado ampliamente por el Montañeros, que arrastra la de humilde por su condición de recién ascendido. Pese a que los herculinos subieron de rebote a Segunda B gracias al descenso del Santiago, ayer hicieron gala del fútbol práctico que les ha convertido en una de las revelaciones del campeonato. Ante su planteamiento los granates quedaron como hipnotizados, acrecentando las dudas sobre su juego. Todo después del primer gol, ya en el minuto 28. Desdibujados, fueron a remolque durante casi todo el encuentro y acabaron con un jugador menos.
El conjunto de Roberto Aguirre volvía a su campo quince días después de firmar una de sus mejores actuaciones de la temporada, ante el Palencia (2-0) y el asturiano deseaba volver a ver la misma actitud de sus jugadores. Pero la irregularidad sigue siendo uno de los principales quebraderos de cabeza de los pontevedreses, algo de lo que fueron testigos más de 3.500 aficionados que acogía el campo de O Burgo. De la ilusión por los primeros compases, en los que el plantel anfitrión si se comportó como un aspirante a ocupar la zona alta, se pasó en cuestión de minutos a una imagen aletargada, a merced de lo que decidiese el adversario. Pero fue Herbert, en el minuto 28 y con un disparo que se vio beneficiado por el contacto con la defensa, quien anotó el 0-1 con una parábola. Después de esto, el Pontevedra aparcó cualquier posibilidad de iniciativa.
Con la reanudación, en cambio, parecía que el rumbo del partido podría variar. Charles, en el minuto 48 falló una volea ante el portero rival, Diego. Después, la entrada en el campo de Nevado e Iban Espadas en sustitución de Adrián Cruz y Santi Villa aportó algo de frescura. Pero fue otro espejismo. Enseguida el Pontevedra denotó falta de reacción ante un resultado adverso y volvió a atascarse.
Iago Iglesias seguía poniendo en entredicho la táctica defensiva pontevedresa. Y para más facilidades, Claudio Giráldez veía la segunda amarilla y se iba a los vestuarios en el minuto 81. El Montañeros seguía sacando partido ante un contendiente falto de ideas, incapaz de acercarse al empate. Y fue durante los últimos minutos cuando la afición temió volver a sufrir una goleada tan bochornosa como la del Lugo.
Quintana, ante una apatía generalizada, se convertía en el más activo de los suyos, evitando que la cuenta goleadora del Montañeros pasase de la mínima. Sin embargo, después de abortar dos claros intentos, ya en el tiempo de descuento Rubén Pardo aprovechó un despiste del guardameta y la defensa, que creían solucionado el riesgo, para empujar al segundo palo un centro de Romay. Como consecuencia, un 0-2 y un enfado del público que se materializó con gritos de "fuera, fuera" y una pitada general cuando el Pontevedra se recogió.