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Marc, aunque fuese Pérez

El mediano de la saga Gasol se ha convertido en un pívot de referencia en la NBA desmintiendo a su madre, que intuía hace algunos años: "Nunca va a ser Pau"

 
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Marc Gasol celebra una canasta con los Grizzlies. // Mike Brown
Marc Gasol celebra una canasta con los Grizzlies. // Mike Brown 

ARMANDO ÁLVAREZ - VIGO "Marc sabe que nunca va a ser Pau. Es consciente de ello", declaraba en 2006 la madre de ambos, Marisa Sáez, que añadía: "Nunca ha habido problemas de celos entre mis hijos". Y es cierto que el mediano de los Gasol siempre ha proclamado su devoción por el primogénito. Una admiración que no le ha impedido diseñar su propio camino en las canchas. Nunca será Pau ni lo necesita. La temporada en vigor lo ha encumbrado como uno de los mejores pívots de la liga. El Gasol que lo lastró se ha convertido en anécdota.
Marc ha batallado con elegancia contra el peso de su apellido. Pau abría camino desde el lustro vital que los distancia (6-6-1980 y 29-1-1985). La explosión del mayor, de suplente de los "chicos de oro" a sensación de la NBA, convirtió en inevitable una comparación injusta por sobre la genética. Mientras Pau rompía fronteras históricas en Memphis, Marc despertaba murmullos en el Palau cuando el dictatorial Ivanovic lo empleaba en minutos marginales. Era un chico gomoso, lento, constreñido por una aparente timidez que el tiempo ha desmentido.
Todos achacaron a la larga mano de Pau que Pepu lo convocase para el Mundial de Japón. Algo habrá. El astro y Navarro componen el clan dominante en la selección. Pero quizá fue más la confianza en sus cualidades que la ceguera del amor fraterno. Marc calló bocas con un gran torneo, culminado en la final gracias a su impresionante marcaje sobre Schortsanitis. Aguantó la pelea de moles con "Baby-Shaq" igual que batió al Shaquille genuino en su primer enfrentamiento en la NBA. Un partido que también disipó insidias al otro lado del charco. "No sabían lo bueno que es", explicaría Pau con orgullo.
Bueno e inteligente. Marc ha sabido maniobrar en elecciones y ritmos. En Akasvayu ejerció como referente, convirtiéndose en el mejor jugador de la ACB, y ha saltado a los Grizzlies en el instante preciso. No ha dejado de progresar. El escaso potencial de la franquicia, antes que un freno, ha impulsado su carrera en esta fase iniciática igual que sucediese con su hermano.
Por lo de pronto, Marc tiene la titularidad garantizada. Ni el tosco Thabeet ni el exótico Haddadi pueden discutirle los minutos como ´center´. El problema al que se enfrenta Marc es el carácter caótico del equipo, plagado de acaparadores del balón. Arañarle 15 puntos de media a los pocos tiros que dejan libres Gay, Mayo y Randolph incrementa su mérito. Se maneja con el quinto mejor portencaje de acierto en tiro de la NBA, por encima del 60 por ciento, y sólo superado por especialistas del mate como Howard y Oden. Él, en cambio, tiene un catálogo más amplio de semiganchos y media distancia.
Marc se ha convertido en un "15-10". Números que le conceden sitio entre la elite interior. No posee la velocidad de su hermano ni su talento en la lectura del juego. A cambio, tampoco ha tenido que sufrir la adaptación al puesto de "5", que padeció Pau, porque es su puesto natural. Se maneja mejor en el juego de espaldas y tiene esa dureza defensiva que al mayor le costó adquirir. En su cuerpo acerado ya se refleja el gimnasio. La NBA lo ha incluido en la lista de jugadores que los aficionados pueden votar para el All Star. Algo prematuro a corto plazo, pero nada descabellado en el horizonte porque la generación dominante de pívots y ala-pívots (O´Neal, pero también Duncan o Garnett) se encamina hacia su ocaso.
Marc, por tanto, ya es Marc sin otros aditamentos. Al tiempo que se libra de la asfixiante mención de Pau, se une a él involuntariamente como presión para el tercero de la saga, el quinceañero Adriá, al que familia y agentes protegen de la atención mediática. El adolescente ha practicado el ajedrez y el béisbol, sueña con ser abogado matrimonial (según la locuaz madre) y observa su herencia con precaución. También Pau se movía entre el piano y la medicina. Adriá sabe que la biología, esos 2,05 que ya mide, lo predestina. En un campus de agosto se rompió la rodilla. El baloncesto puede ser su condena, como en Marc, y como en él su gloria.

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