A.A. - VIGO
Sostiene Bilardo que si el rival te marca justo después de que tú hayas marcado es que has celebrado mal el gol. Celta B y Osasuna B festejaron de manera horripilante los suyos. Los celestes apenas pudieron mantener durante unos segundos la ventaja duramente trabajada y los navarros, que llegaron a voltear el choque, devolvieron el favor después multiplicando la generosidad. Al empate añadieron la expulsión de Gascón, que los chicos de Abelleira no supieron rentabilizar durante toda la segunda parte.
El Celta B había escogido acertadamente avergonzar a sus mayores con su admirable trayectoria en Segunda B. Ahora encadena seis jornadas sin ganar y se ha descolgado hasta la zona media de la tabla. Las matemáticas le siguen favoreciendo. En los pecados, sin embargo, emulan los muchachos a los de Eusebio. Honran a sus mayores imitando su incapacidad para traducir el dominio en sustancia. Osasuna B, con poco más que brega norteña, se les escapó vivo.
El Celta B empujó desde el principio, amparado en la capacidad destructiva de Candela y en la zurda pegajosa de Mateo desde el perfil derecho. El de Casa Paco, heredero de Couñago y Bouzón, abrió el marcador con un precioso disparo. Aún tenían la sonrisa en la boca cuando una descoordinación defensiva resucitó a los visitantes. Apenas vaciló tres veces la fiable retaguardia, sostenida sobre Túñez y Alba. El castigo fue máximo.
Osasuna también pecó, en lo que se diría propio de los filiales aunque en el caso céltico es un mal institucional. No pudieron manejar una remontada firmada en exclusiva por Vega y que hizo temer por lo peor. Gascón llegó tarde al cruce y Oriol superó al inmenso Zabal en la pena máxima. La puso en la cepa del poste y aún así el gigante acarició el balón. En la segunda mitad taponaría todos los asaltos a la red con su inabordable cuerpo.
Barreiro neutraliza hasta cierto punto las superioridades numéricas. Basta que el orden defensivo sea estricto para interrumpir los caminos hacia el área. Al Celta B, con todo, le pudo la premura y le faltaron incorporaciones desde atrás cuando acertó a ganar las bandas. Con Oriol como único referente, el discurso resultó monótono y previsible. Pero a diferencia de los profesionales, el filial tiene margen para recomponerse.