ARMANDO ÁLVAREZ - VIGO
Sólo una vez coincidieron Óscar Pereiro y Floyd Landis después de que saliese a la luz el positivo por dopaje del estadounidense en el Tour de Francia de 2006. Fue dos meses después, en Madrid, en la última etapa de la Vuelta a España. “Óscar, Landis ha venido”, le gritaron los periodistas, con la intención de provocar el reencuentro. “Sabía que todo el mundo buscaba aquella fotografía e intenté evitar a Floyd precisamente por eso. Hoy no lo haría”, confiesa el mosense.
La imagen puede producirse a lo largo de la próxima temporada. Pereiro correrá en un equipo ProTour y disputará las principales pruebas del calendario europeo. Landis pretende lo mismo. El “Telegraph” publica que el estadounidense ha forzado la ruptura de su contrato con el OUCH-Maxxis. No se conforma con haberse montado nuevamente en una bicicleta. Quiere reescribir su historia a sus 34 años.
Landis cumplió su sanción a comienzos de este año. El Maxxis le ofreció una montura, que estrenó en el Tour de California. Su regreso, legítimo a nivel disciplinario, fue bienvenido por algunos compañeros. “Es normal que pueda volver”, declaró Armstrong. Otros se decantaron por la indiferencia. Organizadores y patrocinadores son quienes se muestran más rehacios al perdón. A sus ojos es carne de “Amore e vita”, el equipo del Vaticano especializado en la redención de los pecadores arrepentidos.
Landis maneja otra visión del asunto. El circuito americano no le satisface; su escaso rendimiento no le arredra. Había firmado con Maxxis hasta 2010 pero ha pedido que le abran la puerta y Momentum Sports Group, la empresa que gestiona este equipo, acaba de anunciar la rescisión del contrato de mutuo acuerdo. “Landis ha expresado a MSG su deseo de disputar las carreras más largas y duras de Europa que mejor se adaptan a sus capacidades”, indica la firma en el comunicado oficial.
“Está rehabilitado”
Falta que alguien tienda el puente oceánico, un equipo ProTour que sea capaz de rentabilizar su fichaje y conserve el sitio en el programa de la UCI y de las tres grandes rondas. Para Pereiro, Landis debe tener las mismas oportunidades que otro ciclista sin antecedentes ‘penales’: “Es, como digo yo, alquien que ha cumplido su pena y acaba de salir de la cárcel. Y si sale de la cárcel es que está rehabilitado”.
Pereiro, o sea, no le guarda rencor aunque sí reconoce que está “dolido deportivamente” con alguien junto al que corrió durante su etapa en el Phonak. Porque el gallego y el estadounidense tenían “una gran relación, estuvimos a gusto y echamos una risas”.
Conservaron la amistad tras la marcha del mosense al Caisse D’Epargne. Durante aquel Tour de 2006 se prodigaron las muestras de afecto incluso cuando la carretera los convirtió en adversarios. Landis, hombre fuerte del pelotón, consintió la fuga de Montélimar que auparía a Pereiro al amarillo. No calculó bien o quizás contó con que Pereiro se desfondaría. El gallego se aferró al liderato, en la montaña se arrebatarían entre ellos la prenda dorada y Landis la recuperaría in extremis en la última contrarreloj. Una batalla cruenta en los pedales pero cariñosa en conversaciones, declaraciones y arrumacos.
El positivo por testosterona cortó de cuajo aquel entendimiento. Pereiro jamás se ha cebado con Landis, considera que la trampa “no es un asunto personal” pero recuerda con precisión “los 17 meses que mi equipo y yo estuvimos sin poder celebrar el Tour” mientras el americano batallaba legalmente contra su sanción. Landis le arrebató lo que nadie podrá devolverle, el escalón más alto del podio con los Campos Elíseos al fondo. Pese a ese rapto, dice Pereiro: “Ni buscaré el encuentro ni lo rehuiré si coincidimos en una carrera. Sé que será una fotografía que cause morbo, pero sólo el primer día. Tampoco tendré problemas en hablar con él”. La conversación quedará entre ellos.