JULIO BERNARDO - VIGO
El Celta trabaja para adelantarse al mercado de invierno en el fichaje del delantero que sustituya al internacional sub 21 Aarón Ñíguez, lesionado de gravedad, y a quien se dará de baja federativa si aparece un sustituto que convenza. El director deportivo celeste, Miguel Torrecilla, peina el mercado en busca de alternativas y tiene previsto reunirse la próxima semana con el técnico, Eusebio Sacristán, para definir las posibles opciones que se puedan abordar.
El problema es que el equipo vigués se mueve en un mercado sumamente limitado. La normativa establece que tan sólo puede sustituirse a un futbolista lesionado con jugadores inscritos en las competiciones organizadas por la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), con lo que las opciones se restringen al mercado nacional: descartes de Primera División, jugadores de Segunda que hayan disputado menos de cinco partidos con sus actuales equipos o futbolistas de Segunda B.
Miguel Torrecilla explica que no se busca un perfil determinado de delantero "Buscamos un jugador ofensivo", se limita a señalar sin especificar las características que se prefieren que, en buena medida, van a depender de la disponibilidad del mercado. Los descartes de Primera División son las opciones más fiables desde el punto de vista deportivo aunque presentan un escollo nada despreciable, el económico. Con un presupuesto de cuatro millones escasos para salarios, el acceso a los jugadores de Primera División es inviable a menos que el club de procedencia se avenga a correr con los gastos de una parte de la ficha.
Los descartes de Primera pueden dividirse en dos grupos: futbolistas con experiencia que no cuentan para sus respectivos entrenadores y jóvenes futbolistas con los que los clubes sí cuentan pero que no han encontrado despejado el camino y apenas si han dispuesto de minutos este curso. En el primer grupo el mercado ofrece alternativas como Javier Portillo, del Osasuna, o Kepa Blanco, del Getafe; en el segundo, jóvenes atacantes como los valencianistas Jordi Alba o el venezolano Miku, dos futbolistas que el Celta ya tanteó sin éxito el pasado verano. En el primer caso la dificultad es fundamentalmente económica, en el segundo también deportiva.
Si las opciones de Primera fracasasen, el Celta dirigiría su mirada hacia jóvenes promesas de la Segunda División B, mucho más asequibles aunque menos fiables. Los filiales de los equipos grandes serían en este caso su caladero.