J.CONDE - SEVILLA
Otra ocasión perdida para escapar de la zona de descenso. No bastó la lección que el Celta dio ayer en Sevilla, ante el más poderoso de la categoría. El grupo de Eusebio realizó un excelso partido pero se encontró de nuevo sin un rematador que aproveche el caudal de juego ofensivo que originó en el Manuel Ruiz de Lopera. Con este empate, los célticos cierran una semana fantástica, en la que alcanzaron los octavos de final de la Copa del Rey.
El equipo vigués dejó claro en la primera jugada que al Betis le costaría construir su juego por la pegajosa presión a la que iban a someterle los célticos. Nelson echó fuera el balón sin que llegase a traspasar la línea de medios. Y a los cuatro minutos, Michu atosigó a Iriney, se llevó el balón y su lanzamiento rebotó en un defensa. El asturiano, que atraviesa su mejor momento desde que subió del filial, fue el primero en probar a Goitia. El portero verdiblanco evitó que Abalo abriese el marcador en el minuto 12 después de que su disparo se envenenase al tropezar en un zaguero.
El Celta presionaba y creaba peligro, como la jugada que finalizó Trashorras con un lanzamiento fuera. El lucense tuvo un comienzo esplendoroso, moviéndose por toda la segunda línea céltica y sin rehuir el trabajo sucio. De una de las aperturas a banda, Abalo forzó un córner, que acabó con Arthuro en el suelo dentro del área en un forcejeo con Arzu. El árbitro castigó con pena máxima a los verdiblancos y Trashorras anotó su cuarto gol de la Liga desde los once metros al engañar a Goitia.
El Celta había logrado prolongar el maravilloso juego que le valió el martes para eliminar a un primera de la Copa del Rey; y eso que Eusebio volteó la alineación y se mantuvo fiel al equipo que el sábado sacó adelante en Balaídos el difícil compromiso de Liga ante el Castellón, con el que se jugaba el último lugar en la clasificación. Ayer no hubo caramelos para los que han metido a los celestes en los octavos de final del torneo del k.o., a excepción de Trashorras. El lucense se ha convertido para el entrenador en el guía espiritual del equipo. En Sevilla se encontró en el escenario perfecto para lucirse: la máxima atención mediática, un campo grande y con ambiente, y un rival con un presupuesto enorme que juega con el único objetivo del ascenso.
Pero el Betis ayer tropezó con un equipo que sabe lo que quiere: disfrutar con el balón en los pies. Y le puso tantas ganas por dominar el juego que a los béticos sólo le permitió contadas ocasiones en la primera mitad. La más clara llegó tras un centro de Rodri al que Sergio García llegó tarde por centímetros cuando encaraba a Falcón.
Tan pobre le pareció al público sevillano el juego de los suyos que los despidió con abucheos cuando se retiraban al vestuario en el descanso. Un golpe de moral más para el rival, que dejaba el partido para rematarlo en la continuación.
A los cinco minutos, Arthuro tuvo una buena ocasión para reivindicarse como delantero centro, pero su disparo lo despejó el guardameta bético.
Sólo el cansancio del grupo de Eusebio le dio ánimos a los locales para atosigar a la zaga celeste, que volvió a realizar un trabajo impecable; y eso que enfrente tenía a una pareja temible: el catalán Sergio García y el argentino Pavone, que entre los dos suman tantos goles como los que llevan los celestes en Liga.
Es lo que le falta a este Celta para crecer, porque por juego es uno de los gallitos de la categoría, como dejó claro ayer ante el más reputado de la división de plata.
El valor de la cartera de Lopera no podía con la cantera de A Madroa, que desquició con su juego de salón a los béticos, que encontraron el camino hacia la igualada en una jugada de estrategia. Sergio García cabeceó sin oposición. El Betis recibía un premio inmerecido, que pudo avinagrársele en la jugada siguiente, pero Aspas y Michu no encontraron puerta. Se encontró con el gol cuando peor jugaba y, a demás, con un hombre menos por la expulsión de Juande. Michu, Aspas y Botelho tampoco pudieron superar al nuevo héroe del beticismo: el guardameta Goitia.