J.CONDE - VIGO
Al Celta le está pasando factura la mala reputación que ha adquirido en las últimas temporadas. Para buscarle en la clasificación hay que inclinar la cabeza y dejarse llevar por la nostalgia de que los tiempos pasados fueron infinitamente mejores para no deprimirse. Pero la realidad deja abierta la puerta a la esperanza. Aunque en la Liga se sigue caminando a tumbos, la Copa del Rey permite recuperar la alegría y la esperanza de que a la vuelta de la esquina se encontrarán momentos placenteros. El proyecto que lidera Eusebio Sacristán comienza a dar sus frutos.
En los diez últimos partidos, el Celta se ha mostrado como un equipo solvente y con opciones de competir en igualdad de condiciones con clubes de superior categoría. El balance de sus últimos enfrentamientos, tanto en Liga como en Copa, es positivo: suma cinco victorias, tres empates y dos derrotas.
Desde que el 26 de octubre sufrió la derrota más preocupante por la desidia que mostraron los jugadores tras el gol del Hércules, el conjunto celeste ha experimentado una mejoría. Desde entonces, sólo el inesperado tropiezo en Irún ha manchado una trayectoria que promete alegrías como la ofrecida el martes pasado en el estadio Heliotropo Rodríguez López de Tenerife. Ante un rival de Primera División y afrontando el tramo final del encuentro con diez, por la expulsión de Vasco Fernandes, el Celta ganó al conjunto canario y lo apeó del torneo del k.o.
Pero es que tres días antes, el grupo que dirige Eusebio se deshizo del Castellón, en lo que significó su primer triunfo de la temporada en Balaídos. A pesar de la presión de jugarse la última plaza, el Celta supo sacar adelante el compromiso y dedicárselo a una afición con la que se siente en deuda por los incontables disgustos que le ha dado en los tres últimos años.
Esta secuencia de buenos resultados comenzó en Huelva, ante un recién descendido de Primera, para continuar tres días después en Girona, donde se clasificó para los dieciseisavos de final de la Copa del Rey.
A continuación llegaron tres empates: dos en Vigo ante el Albacete y el Rayo Vallecano; y otro frente al Cartagena, que aspiraba a conquistar el liderato en solitario de Segunda División.
Su vigésimo lugar en la tabla de la categoría de plata, sin embargo, le sigue restando brillo a esta etapa.