A.A. - VIGO
Eusebio convoca a Dani Abalo de forma discreta mientras el resto de la plantilla se dirige al vestuario. El entrenamiento ha concluido. El técnico y su joven discípulo andan durante algunos minutos bajo la llovizna, hombro con hombro, como susurrándose. Pudiera ser el paseo dominical de padre e hijo. Desde la distancia se deduce el discurso sereno. Así es como entiende el pucelano que ha de hacerse. Con esa proximidad se relaciona con sus futbolistas.
"Es un entrenador al que le gusta mucho hablar con todos los compañeros, siempre está ahí para ayudarte en todo momento", explica el canterano, que resume la conversación sin violar su intimidad: "Estábamos hablando de mi situación, de cómo estoy jugando y cómo me está viendo. Me viene bien anímicamente. Es algo que sabe hacer muy bien Eusebio".
Hay técnicos partidarios del silencio. Prefieren marcar distancias a fin de que la plantilla acepte su superioridad jerárquica. Otros se dirigen exclusivamente al grupo, sin matices individuales. Está la escuela de los que se construyen un núcleo de confianza. Eligen a unos cuantos jugadores para blindarse y controlar de forma interpuesta el vestuario. Eusebio, en cambio, "charla con todos y no sólo con unos cuantos", recalca Abalo. "Y por el bien del jugador, para que aprenda lo que debe hacer o comentarle cosas que están ocurriendo. Eso permite al jugador ganar confianza".
Eusebio cree en la palabra igual que cree en el toque. Buen trato al futbolista y al balón. Al final, sargentos y diplomáticos triunfan y fracasan. Este oficio no tiene métodos mágicos. Los célticos prefieren su estilo, seguramente el ideal con tanta chavalada a sus órdenes. Dani Abalo, por ejemplo, entiende que Eusebio le pida más sin necesidad de que le alce la voz o lo abronque: "A mí hay que exigirme. No estoy haciendo una temporada muy buena. La gente espera que haga más. Hablamos sobre eso, sobre hacer las cosa bien".
En el vilagarciano ya se aprecia una maduración psicológica. Eusebio todavía no ha conseguido que dote a su extraordinario talento de la regularidad deseable o que acierte más en la última elección. Pero el chico que pecaba antes de tímido yerra ahora, si es que yerra, a causa de un excesivo atrevimiento. "No me estoy encontrando en mi mejor momento pero nunca lo alcanzaré si no intento las cosas", dice como repitiendo las consignas de su gurú. "El camino es ése, intentarlo a ver si puedo encontrarme con mi juego". Eusebio caminará a su lado.