A.A. - VIGO
Argentina ha recibido en su propia carne los balazos dirigidos a Fernando Cáceres y se duele en voz alta. El incidente ha reactivado el debate sobre la inseguridad en las calles del país, especialmente en las de Buenos Aires. Hasta Maradona ha terciado en el asunto con su habitual contundencia. "Esto es una bomba de tiempo y salir a la calle es un peligro constante. Acá nadie hace nada y algo hay que hacer", ha declarado el seleccionador a la prensa local. Son varios los ex célticos que han padecido esa clima de violencia: Cavallero, Berizzo... Incluso Félix Carnero.
El gobernador bonaerense, Daniel Scioli, está en el punto de mira. Él defiende su gestión en una radio porteña. "Es el momento de mayor dureza y rigor" en la lucha contra el delito, sostiene. Anima a los efectivos policiales a "abatir" a los delincuentes. Pocos compran su discurso.
Hay zonas en Buenos Aires en las que el peligro se asume como cosa cotidiana. Cáceres fue asaltado en el territorio mortal de Ciudadela. Las barriadas de Villa Carlos Gardel, Fuerte Apache (donde creció Carlitos Tévez) y El Mercado son denominadas desde hace años por la policía como "el triángulo de las Bermudas". Hay puntos especialmente calientes, donde los agentes no se atreven a entrar. Los monobloques de la "Villa de los Paraguayos", donde habitan más de 12.000 personas, están conectados por intrincados pasadizos que favorecen las emboscadas.
Los secuestros son constantes. El 14 de julio fueron capturados Jean Christophe Quemard y Jean Guy Queromes, ejecutivos de PSA Citroen que se dirigían a la planta que la firma tiene en Argentina. Sus guardaespaldas no reaccionaron a tiempo Las fuerzas de seguridad los liberaron poco después a tiros.
También ellos, como Cáceres, fueron interceptados mientras viajaban en coche. Es un "modus operandi" que se estila mucho en los países de la región. Los ciudadanos de cierto poder adquisito han incorporado rutinas de protección, como dejar siempre el coche en marcha. Pero no existen trucos infalibles. Y eso lo saben muchos de filiación céltica.
A Berizzo se le metió un atracador por el maletero. Se le abrazó y le robó lo que llevaba encima. Félix Carnero sufrió una variante más leve. Había viajado a Buenos Aires por completar su agenda con jugadores interesantes. Estaba parado en un semáforo, con el brazo por fuera de la ventanilla, y de un tirón le arrebataron el reloj de pulsera. Casi una anécdota si se compara su susto con la cicatriz que Cavallero tiene en el pecho. Eterno recordatorio de cuando en 1997 quisieron robarle el automóvil que el también futbolista Armentero le había prestado. Lo bloquearon en el asfalto como a Cáceres. El portero, amante de la Fórmula Uno, esquivó la barrera con una hábil maniobra. La bala le entró por el homóplato. Eludió la muerte por milímetros. Los que hoy distancian a Cáceres de la nada, como a tantos argentinos cada día.