EFE - MADRID
La selección española restituyó en parte el orgullo herido en el pasado Mundial de Croacia con un meritorio empate (23-23) ante Francia, en un choque en el que tan sólo una inoportuna exclusión final de Carlos Prieto privó a España del triunfo.
El conjunto nacional, tras el batacazo sufrido en Croacia, no está para amistosos. Por ello, ni Valero Rivera ni sus pupilos, pese al ambiente festivo que se vivió en el Palacio de los Deportes, concedieron ni el más mínimo gesto de cara a la galería.
Una defensa seria, dura, expeditiva, especialmente en el centro del 6-0, donde Prieto y Morros mostraron un poder intimidatorio, que obligó a Karabatic a abandonar por momentos la posición de central para refugiarse en el lateral izquierdo.
España apostó de inicio por la presencia de tres diestros en la primera línea, con Iker Romero de lateral derecho y Chema Rodríguez como director de orquesta. Una formación que, más a base de juego individual, con un inspirado Alberto Entrerríos, que con acciones colectivas, ya que el balón apenas llegó a los extremos o el pivote, sirvió para que España adquiera un renta de dos tres goles (13-10). Renta que tan sólo las exclusiones -dos de España por ninguna de Francia- permitieron a los franceses reducir a la mínima (13-12) al llegar al descanso. España volvió a dispararse en el marcador (16-13), que pudieron ser más de no haber caído en la precipitación. Prisas que permitieron a Francia engancharse de nuevo en el marcador. En el final igualado España demostró que no se encuentra tan lejos del coloso galo. España se situó 22-20, diferencia que tan sólo una inoportuna exclusión final de Carlos Prieto permitió a Francia enjugar, para lograr un empate (23-23).