J.CONDE - VIGO
El Celta no levanta cabeza. La derrota en Irún le ha devuelto a las posiciones de descenso por quinta jornada cuando se ha cumplido una cuarta parte del campeonato de Segunda División. Sólo en una ocasión, ha estado un punto por encima del abismo; en el resto, se salvó por la diferencia de goles.
Concluida la décima jornada, los célticos ocupan la vigésima posición, con ocho puntos, los mismos que el Huesca (un puesto por encima), y solamente superan en la tabla al Castellón y al Murcia, ambos con siete. Es más, la clasificación se constriñe en los últimos lugares después de que el Castellón golease al Cádiz (4-1) y el Girona sorprendiese al Salamanca (0-1).
La derrota ante el Real Unión quebró una racha de imbatibilidad de seis partidos (dos de Copa) del equipo de Eusebio Sacristán. El cuadro vigués retorna a la complicada situación deportiva que le dejó el paso del Hércules por Balaídos (0-1). Es menos grave porque en Irún no hubo dejadez por parte de los futbolistas, sino que se encontraron con un rival que les superó en todas las facetas del juego. Fue una derrota incontestable, que se supera después de analizar los errores y prometer propósito de enmienda; o como se proclama en los vestuarios: "Hay que olvidarse y seguir trabajando".
Este discurso no ha dado todavía los réditos deseados. A pesar de protagonizar uno de los peores arranques ligueros de su historia, el Celta no apareció entre los cuatro últimos de la clasificación hasta la quinta jornada, en la que sumaba dos puntos. Fue el momento más crítico del equipo en lo que va de campaña, pues Balaídos no aceptó la manera en la que el Hércules se llevó la victoria ante un rival que bajó los brazos a falta de cuarenta minutos para el final del encuentro, cuando Abraham Paz anotó el tanto de los alicantinos.
Esa derrota se añadía a la que una semana antes habían sufrido los celestes en Córdoba, lo que encorajinó a los aficionados, que mostraron su frustración solicitando dimisiones. El varapalo ante el Hércules supuso un punto de inflexión, ya que el grupo que dirige Eusebio arregló el desaguisado en la primera ocasión que le brindó el calendario, nada menos que derrotando a domicilio al recién descendido Recreativo de Huelva (1-2).
Los tres puntos obtenidos en el Nuevo Colombino no le privaron de continuar entre los defenestrados de la categoría, a los que sí pudo dejar atrás la semana pasada gracias al empate que logró ante el Rayo Vallecano (1-1), en su mejor actuación del presente curso.
Mientras continuaban las alabanzas por la exhibición ante uno de los aspirantes a pelear por el ascenso, los celestes tumbaron nada menos que al Tenerife en el partido de ida de la eliminatoria de Copa. De hecho, el 2-1 final pareció injusto ante la superioridad mostrada por un equipo plagado de suplentes.
En plena efervescencia por la apuesta futbolística de Eusebio, el cuadro vigués viajó al Stadium Gal con el objetivo de alejarse definitivamente del abismo. Sólo se pensaba en la victoria ante un contrincante con los mismos puntos pero que atravesaba por un mal momento tras encadenar tres resultados adversos.
Los célticos, sin embargo, no dieron el rendimiento esperado y volvieron a quedarse secos, sin respuesta. Por quinta vez en lo que va de campeonato, comienzan la semana entre los cuatro últimos y con la presión de llevar adelante el próximo compromiso.
En esta ocasión, el objetivo presenta serias dificultades, pues el equipo de Eusebio tiene que superar la angustia que le produce no haber ganado todavía en Balaídos en lo que va de Liga y el inconveniente de que el rival será el Castellón, que en las últimas temporadas se ha ido de Vigo con premio. En caso de tropezar, el Celta se complicará todavía más su futuro, poco diáfano en estos momentos.