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Historias Irrepetibles

"Alí, bomayé"

Hace 35 años Kinshasa fue escenario de la mítica victoria de Mohammad Alí sobre George Foreman

 
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Imagen del combate
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Para muchos ha sido el mejor combate de boxeo de la historia. Sin duda, fue el de mayor carga emocional, el más político, el más exótico. Muhammad Ali y George Foreman se enfrentaron hace ahora 35 años en busca de la corona de los pesos pesados. Lo hicieron en Kinshasa, la capital de Zaire, ante más de sesenta mil enfervorizados espectadores que enloquecieron con el triunfo de su ídolo, Ali, el negro que en aquellos momentos mejor representaba la lucha contra el sistema.

JUAN CARLOS ÁLVAREZ "The rumble in the jungle" (el rugido de la selva). Así bautizaron los promotores el combate que el 30 de octubre de 1974 enfrentó en Kinshasa, la capital del Zaire (hoy República Democrática del Congo), a Muhammad Ali y a George Foreman en busca del título mundial de los pesos pesados.
Aquella noche africana se produjo el desenlace de una pelea que de alguna manera había comenzado a disputarse en 1966 cuando Ali era el indiscutible campeón del mundo de los pesos pesados. Entonces se negó a acudir a la Guerra de Vietnam tras ser llamado a filas y el Gobierno americano abrió un proceso contra él que culminó con una multa de 100.000 dólares, su encarcelamiento y la imposibilidad de boxear durante varios años al tiempo que era desposeído de su título. Ali tenía en aquel momento 26 años y se quedaba de golpe sin sus mejores años como boxeador, los que le habrían permitido tener un récord asombroso. Foreman vivía desde lejos del ring la explosión de otros genios de pegada descomunal llamados Joe Frazier y George Foreman. Pero el de Louisville no perdió la paciencia y en 1970, cuatro años después, volvió a ponerse los guantes para iniciar el camino hacia la cumbre de los pesos pesados, su absoluta obsesión. Quería volver al lugar del que le habían expulsado los políticos. Su discurso público cambió, se volvió más ideológico. Mientras los negros lo adoraban, Ali pasó a ser un tipo bastante incómodo para el sistema por lo que decía y cómo lo decía. Sus primeros años tras volver al boxeo estuvieron marcados por los duelos ante Frazier al que ganó en un combate polémico e igualado que debía resolver quién sería el aspirante al titulo mundial que ostentaba George Foreman.
En aquel momento un ambicioso y joven promotor de boxeo llamado Don King, mucho antes de tener el mechón blanco y de convertirse en un personaje más del mundo de las dieciséis cuerdas, se unió al dictador de Zaire Mobutu Sese Seko para llevar el combate más esperado de la historia a África. Mobutu necesitaba un lavado de cara a su impresentable régimen y King alguien que pusiese los cinco millones de dólares por cabeza que no tenía. El dictador accedió y el combate se fechó para finales de septiembre de 1974. El problema fue que Foreman se abrió una ceja en un entrenamiento y eso obligó a retrasar un mes la pelea. Ali enfureció e inició una de sus campañas mediáticas contra Foreman, un tipo pausado que acabaría por hacerse reverendo. El público de Kinshasa se enganchó a Muhammad. En un acto de promoción en el propio escenario fue cuando Ali escuchó por primera vez el grito de guerra del público: "Ali, bomayé" (Ali, mátalo). Esa consigna le perseguiría durante su estancia en África. Alí era para ellos el negro rebelde; Foreman, el que se había comodado al sistema implantado por los blancos.
De todos modos, Foreman era el favorito. Tenía siete años menos que Ali, una pegada que había dejado seco a Frazier un año antes y una condición física envidiable. La víspera Ali reclamó que se aflojasen las cuerdas del cuadrilátero. Tenía un plan, pero lo mantuvo oculto. Le preguntó a su entrenador, Angelo Dundee, qué debía hacer. Y éste le contestaba: "vas a bailar, Muhammad, esta noche vas a bailar". Pero él no tenía pensado hacerlo. Desde el comienzo se dejó dominar por Foreman mientras él se apoyaba en las cuerdas y aguantaba las embestidas de su rival, que sufría para alcanzarle con claridad. Ali, tranquilo, bravucón en los descansos, se estaba reservando para un momento determinado, para el instante en que Foreman aflojase el ritmo. Llegó en el octavo asalto cuando ya no podía precisar sus oleadas, Ali salió de su cueva y de repente llovieron dos golpes del cielo de Kinshasa, dos relámpagos que tiraron a la lona a un incrédulo George Foreman. Alí fue zarandeado por los miles de seguidores que no pararon ni un instante de gritar "Ali, bomayé". Volvía a ser campeón del mundo. Y entonces comenzó a diluviar sobre Zaire.

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