REDACCIÓN DIGITAL
Ayer Guardiola comentaba que ver cómo se esfuman los tres puntos en los últimos minutos de partido suele dejar tocado a un equipo. Algo parecido le ocurrió hoy al Celta B. Los hombres de Milo Abelleira visitaban una cancha complicada, la del Palencia, un equipo que, en caso de lograr la victoria, adelantarían en la clasificación a los celestes.
El encuentro no pudo empezar mejor para los visitantes. Dani Gail inauguraba el marcador a los dos minutos de partido, aunque poco después, el Palencia volvía a establecer la igualada gracias al gol transformado por Paulino. El Celta B no se vino abajo y Dani Gail, de nuevo, adelantaba a los vigueses. Ya en el minuto 49, el catalán Oriol Riera metía el tercero y sacaba a los locales del partido.
A partir de entonces el filial céltico parecía tener los tres puntos en el bolsillo. Todo se empezó a complicar en la recta final, cuando Víctor volvía a meter a los suyos en el encuentro. A los celtiñas les tocaba sufrir para poder sumar un valioso triunfo. Fue entonces cuando entró el escena el que debe pasar desapercibido en un partido: el árbitro. En los cuatro minutos de añadido, el Celta B defendió a la perfección todas las acometidas del equipo palentino. La muralla celeste la derrumbó el árbitro, que al final acabó añadiendo ocho minutos de descuento, y señaló un penalti muy dudoso en la última jugada del partido. De Paula ponía el tres a tres final y el filial acabó con la sensación de haber perdido, injustamente, dos puntos ante un rival tan importante como el Palencia.