A.A. - VIGO
El encuentro de ayer deja al Celta sin excusas. Ni su juego tuvo la brillantez de otros días ni hubo elementos externos que contribuyesen a explicar la derrota. El deficiente estado del césped de Balaídos también jugó en contra del Hércules, un equipo que rasea el balón y tiene peloteros de calidad como Tote. Y el árbitro pasó prácticamente desapercibido. El partido se le ofreció como sencillo y él tuvo la oportunidad de no enrevesarlo.
Lesma López concentró sus errores en el primer cuarto de hora del encuentro, cuando exhibió un criterio con las tarjetas que confundió bastante a los jugadores y enfadó a la afición. Fue asentando la coherencia de su actuación con el paso de los minutos y poco se le puede reprochar. Todos los fantamas del Celta están dentro de su propio armario.