REDACCIÓN - VIGO
El Coruxo sigue quemando etapas en la prepación de un equipo campeón. Si hace quince días tuvo apelar a la paciencia para llevarse los puntos, ayer tuvo que echar mano de la casta para llevarse los puntos.
La victoria de ayer es de las que curten y de las que hacen grandes a jugadores y equipos. Para llevar los tres puntos, el Coruxo tuvo que remontar un gol encontra, y jugar cincuenta y cinco minutos con un hombre menos, y a pesar de eso se llevaron la victoria.
El choque entre Coruxo y Órdenes fue de los que hacen afición. Los dos equipos salieron desde el pitido inicial por la victoria, y las cosas no le pudieron salir mejor a los coruñeses, con el penalti señalado y que transformó Alex Castro.
Lo mejor que le podía pasar al equipo de Josiño Abalde era que consiguiera la igualada lo antes posible, y tardó siete minutos en conseguirlo. Fue una tranquilidad, ya que todavía quedaba mucho tiempo por delante y el partido no había hecho más que comenzar.
Sin embargo las cosas volvieron a complicarse a la media hora de juego, cuando Jacobo Campos vio la tarjeta roja y debió abandonar el terreno de juego. El reto era importante, y el Coruxo no se arrugó. La rabia por la expulsión de Jacobo le dio la fuerza necesaria para conseguir el tanto que al final del encuentro significaría la victoria. El Coruxo estaba lanzado y no había quien lo frenara.
En la segunda parte las fuerzas volvieron a estar niveladas. El desgaste físico de los vigueses fue enorme, y a medida que pasaban los minutos comenzó a pasar factura.
En los minutos finales, la presión del Órdenes fue agobiante. El Coruxo se protegió como pudo y evitó que el conjunto coruñés empatara.