ARMANDO ÁLVAREZ - VIGO
El Gestibérica es un club fantasma, instalado en el limbo, que poco a poco va adquiriendo corporeidad. Al cierre de esta edición aún no podía considerarse equipo de la LEB Oro. La consecución del aval se ha convertido en un trámite tortuoso, en el que avanzan centímetro a centímetro. Pero hay indicios positivos, que parecen garantizar un parto feliz. El principal, que el encargado de timonear el proyecto ya se ha mudado a Vigo. Manolo Povea sólo espera el beneplácito del club para trasladar a la realidad lo que está perfectamente rematado en su cabeza.
"Entre hoy y mañana", le dijo la directiva a Povea cuando aterrizó al estimar cuándo concluiría el proceso. Será hoy, por tanto, según esa previsión, aunque la situación del Gestibérica no admite pronósticos fiables. Los dirigentes transitan por el laberinto de los mecanismos bancarios desde hace semanas. La propiedad que funcionará como respaldo del presupuesto del equipo ya está tasada. Le exigen el dinero que active el aval. Povea podría haber aplazado un día más su estancia en Málaga, pero la impaciencia le ha vencido. El calendario aprieta. La liga arranca en poco más de dos semanas.
Povea ha regresado a Vigo con los deberes hechos. Aprovechó su descanso veraniego para diseñar la plantilla e ir cerrando acuerdos verbales con los jugadores que le interesaban. Tim Smith, Tim Frost o Shawn Jackson se cuentan entre los que permanecen del pasado ejercicio. Habrá varias novedades, marcadas por el mayor porcentaje de seleccionables a que obliga el nuevo reglamento. "Sólo falta un jugador por buscar y habrá otros a prueba", señala. Todos están al lado del teléfono, pendientes de una simple llamada para sacar el billete de avión y plasmar sobre un contrato oficial lo hablado.
El atribulado verano, en consecuencia, no arroja secuelas excesivamente graves en cuanto a la confección del equipo. El Gestibérica ha tardado mucho en asegurar que seguiría existiendo. En pura teoría, todavía no lo ha certificado. Pero en sus cábalas siempre manejó el mismo presupuesto, inferior a los 600.000 euros. Una cantidad que marca la permanencia en la LEB Oro como único horizonte. Povea habla de esa proyección: "Nuestro único objetivo debe ser eludir el último puesto, que supone el descenso directo. Si después vamos ganando partidos y también podemos librarnos del play off, mejor".
Sin pretemporada
Povea asume la hipoteca del retraso. Más difícil de gestionar es el tardío arranque. "La pretemporada desaparece como concepto y se funde con la temporada". Ni siquiera está pintada en el Central la cancha (en la LEB Oro se ensayan las nuevas normas FIBA, con el triple más alejado y una zona rectangular). El equipo está obligado a crecer en competición, mientras los rivales la afrontan desde una mayor madurez. Es el precio de volver a situar a Vigo en el segundo escalón del baloncesto masculino varias décadas después.