J.J. LAHUERTA - GETAFE
El Barcelona venció al Getafe, muy superior a los azulgrana en la primera parte, gracias a la salida providencial de Messi en el segundo periodo, cuando aplacó su rabia procedente de Argentina con una actuación sobresaliente que acabó con las esperanzas madrileñas de mantener el liderato.
Los partidos internacionales parecieron dejar exhaustos a varios de los jugadores del Barcelona. Sobre todo a Messi, que además de un cansancio físico arrastraba un desgaste psicológico importante después de dos derrotas consecutivas con Argentina. Por eso, Guardiola sentó a la estrella azulgrana junto a Alves, Henry e Iniesta, éste último bajo de forma tras tres meses de inactividad.
Con Jeffren, Pedro y Chygrynskiy sobre el césped, la escuadra azulgrana intentó aplicar desde el pitido inicial la doctrina Guardiola. El toque, la contención y la posesión no sirvieron en esta ocasión. El Getafe, bien puesto sobre el campo, consiguió, por momentos, hacerse con la pelota.
Míchel sorprendió con Adrián González en la medular. Todos esperaban a Casquero, pero el canterano del Real Madrid se hizo con un puesto en las labores de organización. Y no defraudó. Su actuación fue mucho más que correcta.
El Getafe metió mucho miedo a su rival en el primer periodo. Dos tiros a los palos, uno de Soldado y otro de Albín, a punto estuvieron de poner el choque cuesta arriba al Barcelona.
En la reanudación, Míchel adelantó las líneas de su equipo y presentó una propuesta más atrevida. La nueva táctica del técnico del Getafe convirtió el partido en un duelo de ida y vuelta, donde el Barcelona tenía más cosas que ganar y menos que perder. Entonces, Guardiola sacó a su artillería pesada y metió miedo a los aficionados "azulones" con Messi y Andrés Iniesta sobre el césped.
La presencia de ambos imponía respeto. Del primero, dicen que está afectado mentalmente por la mala trayectoria de Argentina. Del segundo, que está bajo de forma. Pero cuando alguno tocaba el balón, el Getafe ponía cara de respeto.
Y así llegó el primer tanto del Barcelona. Una pelota que Messi abrió a la izquierda hacia Abidal, y que éste dirigió al área al primer toque, fue suficiente para que Ibrahimovich empujara el balón a la red.
El jarro de agua fría sentó muy mal al Getafe. Los pupilos de Míchel se agazaparon en su área con la esperanza de agarrar un contragolpe salvador. No funcionó. Y en esas, apareció de nuevo Messi para sentenciar el partido. El argentino comenzó una jugada en el centro del campo, salvó a dos rivales, abrió a la izquierda hacia Ibrahimovich, y el sueco puso la pelota en la cabeza de Messi, que sólo tuvo que empujar con la cabeza el balón hacia la red.