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JULIO BERNARDO - VIGO La fortuna no ha sido generosa con el Celta en el arranque liguero. El intenso caudal futbolístico desplegado por el grupo se ha dado de bruces con la realidad de la competición, que se ha mostrado -especialmente en el duelo del pasado domingo en El Helmántico- extraordinariamente cicatera con el juego celeste. El equipo vigués suma apenas un punto más que el pasado curso a estas alturas, pero ofrece mejores sensaciones y expectativas más alentadoras. Tras años de penuria y sinsabores,asoman brotes que invitan a soñar.
Una atractiva propuesta
El estilo del Celta ha variado radicalmente. Por primera vez en tres temporadas, el equipo sabe a qué juega o, por lo menos, a qué quiere jugar. Y la apuesta de Eusebio es atractiva, quizá demasiado para una categoría tan recia como la Segunda División. El balón ha recuperado protagonismo y el equipo trata de crecer alrededor del talento creativo, desde el juego asociativo y la fluidez en el toque, los valores que no hace mucho convirtieron al Celta en referente de las buenas maneras futbolísticas.
Un equipo mejor trabajado
Gonzalo Arconada y Juan Carlos Oliva, técnicos de los dos equipos que se han medido al cuadro celeste en los dos primeros partidos de Liga, han coincidido en su análisis: el Celta es un equipo “muy bien trabajado”. El técnico, a pesar de algún problema de lesiones y de alguna incorporación puntual de última hora, ha trabajado con el 90 por ciento del grupo desde el inicio de la pretemporada. Y lo ha hecho alrededor de un dibujo, el 4-3-3, que algunos jugadores ya conocían desde el pasado curso y otros han tenido tiempo de asimilar. Pero además, el equipo ha sido construido, dentro de las limitaciones económicas, en función de las ideas y gusto del entrenador.
Mayor rigor defensivo
El gran problema del Celta en las últimas temporadas ha estado en la retaguardia. El actual equipo ha pagado también un elevado peaje por sus errores defensivos pero ha sucumbido por despistes aislados y no fallos en cadena de toda la línea. El rigor defensivo ha crecido notablemente tanto en la marca al adversario como a la hora de dar salida a la pelota desde el eje de la zaga con incorporaciones como Catalá y Ortega. Y sobre todo ha cesado la sangría desde los flancos, acaso la zona de la defensa en que más ha ganado el equipo gracias a las incorporaciones de tipos como Vasco Fernandes y Pedro Botelho pero también a la gran revelación a la pretemporada, el imberbe Hugo Mallo.
El equipo defiende más adelantado, con mayor intensidad en la presión y, aunque persisten los problemas en el repliegue y el equipo sufre sin el balón, las prestaciones defensivas mejoran en todas las zonas del campo. A ello ha contribuido también el equilibrio que han proporcionado al equipo fichajes como el de Cristian Bustos, un eficaz recuperador que rara vez pierde la posición y que aporta también criterio en la distribución de la pelota.
Un Celta propio
El Celta de los treinta y tantos fichajes de Ramón Martínez ha dado paso a un equipo mucho más cercano, en el que los futbolistas de la casa son legión. La cantera garantiza compromiso y el Celta cuenta, hoy por hoy, en sus filas con cuatro generaciones de futbolistas destetados en A Madroa, desde avezados treintañeros como Noguerol hasta casi adolescentes como Joselu o Hugo Mallo. En medio canteranos con más o menos experiencia en la categoría como Oubiña, Roberto Lago o Dani Abalo y sin ella como Aspas, Abalo o Yoel se entremezclan con otros jóvenes talentosos fichajes y contrastados veteranos. Queda por ver, sin embargo, el precio que habrá que pagar por la inexperiencia de buena parte del plantel, especialmente en las posiciones de ataque.
El peso de Trashorras
Una de las mejores noticias que ha proporcionado el Celta es el estado de gracia de Roberto Trashorras, al que el nuevo estilo ha sentado como un guante. El lucense ha brillado en lo que se le pide, la dirección del juego, y ha guiado al equipo con trazo vigoroso pero también lo ha sostenido con goles (cuatro en tres partidos) en un momento de precariedad en las posiciones de ataque por causa de las lesiones y las convocatorias de algunos jugadores con la selección. Trashorras se parece cada vez más al jugador que él quiere ser para el Celta.
Camaradería
En el fútbol los resultados son los que ponen a prueba la camaradería de un vestuario. Si acompañan la vida fluye con alegría, si no lo hacen, la división se abre paso. No obstante, en el plantel celeste se percibe un hambre renovada y un grupo comprometido. El equipo se ha liberado de los severo corsé impuesto por anteriores técnicos y del nocivo peso de algunos veteranos a los que se entregaron los galones equivocadamente.
Capacidad de reacción
En los dos partidos disputados hasta la fecha, el Celta ha mostrado una entereza psicológica muy superior a la de las dos últimas temporadas, en las que el equipo se desmoronaba al menor contratiempo. El Celta ha mostrado capacidad de reacción y ha jugado mejor con el marcador que contra que a favor.
Estabilidad económica
El final feliz del proceso concursal y los traspasos del verano han dado al Celta una estabilidad económica desconocida en las últimas campañas y seguridad en el pago de las nóminas. Con todo, la venta de Joselu al Masdrid ha generado polémica.
Una afición más receptiva
Acaso por qué la hinchada es consciente de que las cosas difícilmente pueden empeorar con respecto a los últimos años y porque este Celta se siente más próximo, la afición se ha mostrado más receptiva con el equipo que en anteriores campañas. Queda ahora que se vea correspondida desde el campo hacia la grada.
Probable vuelta de Oubiña
Aunque las dudas sobre si el capitán celeste volverá a ser el mismo persisten, los indicios sobre su recuperación son bastante alentadores.
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