JULIO BERNARDO - SALAMANCA
A falta de goleadores de fuste, el Celta echó mano del estado de gracia de Roberto Trashorras para estrenar su casillero en la Liga con un empate con sabor a victoria. Los celestes superaron con claridad a su adversario en todas las facetas del juego, generaron un caudal ofensivo más que aceptable y desarbolaron al Salamanca que sobrevivió gracias al oficio de su defensa y su extraordinaria rentabilidad ofensiva, pero también a un empujón del línea, que anuló un gol legal a Saulo.
A pesar de que los errores puntuales le siguen costado muy caros, el cuadro celeste apuntó de nuevo interesantes maneras, mostró un sosiego defensivo desconocido hasta la fecha y confirmó que cuenta con un grupo de futbolistas que pueden reportarle formidables réditos a corto plazo. Pero sobre todo evidenció el colosal estado de forma de un futbolista que llegó para ser grande en Vigo y que no sólo ha asumido la responsabilidad de echarse a la espalda al equipo sino que es también su goleador más certero: cuatro tantos en tres encuentros le avalan.
Arrancó Eusebio con cinco novedades con respecto al equipo que inició la Liga: Noguerol y Botelho suplieron a Ortega y Lago en la zaga; López Garai entró por Michu en la medular y Saulo y Aspas cubrieron las bajas de Joselu y Toni en la tripleta atacante, en la que repitió un desdibujado Abalo. Un cambio de piezas obligado que no modificó la apuesta del Celta por la pelota ni el papel protagonista de Trashorras, escorado ayer al costado izquierdo, como hilo conductor del juego. Conducido con firme trazo por el lucense, el Celta entró con ímpetu en el partido e hizo fluir el balón con velocidad. Pero el buen desempeño del Celta estuvo exento de riesgos. Hubo de nuevo problemas en el repliegue y se confirmó la malsana costumbre de este equipo a complicarse la existencia en acciones indeseables, primero con un despeje en falso de Falcón que brindó una gran ocasión a Quique Martín y luego una pérdida de balón de Trashorras que obligó a Noguerol a derribar a Despotovic y costó al Celta una inevitable tarjeta amarilla. La cosa se complicó poco después cuando Catalá fue amonoestado por una falta en el lateral de área.
Pero al margen de estos contratiempos, el cuadro celeste manejó con solvencia el tempo del partido y dominó a placer el juego ante un rival que tan sólo inquietó a balón parado en un error defensivo que no aprovechó Despotovic y con alguna arrancada del nigeriano Akinsola, suplente de Kike, lesionado por Botelho en una dura acción que quedó sin castigo.
El Celta, mientras, pudo sentenciar con tres acciones casi consecutivas en el tramo final del primer tiempo: un mano a mano de Saulo con Biel que habilitó Bustos, una falta de Trashorras y un disparo a la cepa poste de Abalo con el portero batido.
La cosa parecía encarrilada cuando el Celta pecó de pardillo. El equipo celeste salió dormido del vestuario y antes de que pudiese sacudirse el muermo el Salamanca le golpeó en la línea de flotación con una bien trazada pared entre Salva Sevilla y Despotovic que el serbio envió al fondo de la red con Falcón en precario.
Pero como sucedió frente al Numancia, el Celta encajó el golpe con entereza y pudo nivelar muy pronto el partido de no ser por la miopía del línea, que anuló un gol legal a Saulo. Un nuevo contratiempo que no descentró a los celestes, que pusieron proa hacia la portería de Biel y arrinconaron a los charros alrededor de su portería.
La diferencia la marcó, como no, Trashorras en una exquisita acción a balón parado. El lucense puso el ojo en la escuadra y golpeó con rosca la bola, que, imparable, limpió de telarañas el arco. El Celta obtenía una justa recompensa a su ambición. Y no cejó en su empeño. El tramo final fue, de hecho, un monólogo de los celestes, que cortejaron el gol con una acción rematada con una chilena de Aspas y un solvente remate del Hugo Mallo, puro descaro. Con el rival desactivado por la expulsión de Rossato, a los celestes les faltó tal vez algo de claridad para sentenciar a un rival que acabó pidiendo a gritos la hora.