REDACCIÓN - VIGO
El Celta lo tenía complicado ayer para reunir una buena entrada en el primer encuentro liguero. En pleno mes de agosto y con una temperatura que coqueteaba con los treinta grados –lo que invitaba a una jornada de playa–, el equipo consiguió al menos reunir a casi 7.500 aficionados, una cifra que supera de forma clara lo logrado en el arranque de la pasada temporada, en la que apenas lograron los cinco mil espectadores. El público, por aquello del estreno, estuvo cariñoso con el equipo sobre todo con los jugadores más jóvenes del conjunto de Eusebio Sacristán.